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martes, 15 de marzo de 2016

Un momento con el maestro

Aldo Ferrer. Imagen tomada de La Nación.

 "La agenda liberal tiene un camino muy sencillo, vamos al juzgado de Nueva York, le pedimos disculpas al juez Griesa y le decimos a los buitres que pasen por caja a cobrar. Venimos acá, le damos la llave del Ministerio de Economía y del Banco Central a los que hicieron la política Neoliberal y al día siguientes tenemos montones de plata, pero después terminamos peor que el 2001... ese no es el camino".


Esto me dijo Aldo Ferrer en una entrevista que pude hacerle en mayo del 2015... claridad anticipatoria de los acontecimientos que solo puede tener un maestro de la capacidad intelectual de Ferrer. 

Comparto este audio que no recuerdo si salió en Cuarto Intermedio, pero forma parte del archivo de Radio Universidad CALF.

De paso recomiendo la lectura del libro "Aldo Ferer y sus días" de Marcelo Rougier, en el que se recopilan charlas sobre sus experiencias como economista en la Argentina y el mundo.


Dialogo con Aldo Ferrer.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

EXISTENCIALISMO MILITANTE - POEMARIO

Roberto Jorge Santoro in memorian.-
Se libre, sientete libre y construye
la libertad con tus pares.

Nunca juzguez, ni seas enemigo
esfuerzate por ser mejor que tu mismo
y evita furcios como aquellos.

Recuerda que llegamos inhalando
y nos vamos exhalando
procura que tu vida tenga sentido,
no claudiques en los anhelos.

De tu tiempo graba en tu registro
el dinero no es sino medio
la Patria, lo humano de lo que vives
sin los limites de lo ajeno

Se obediente de tu consciencia
vive tragicamente ser desobediente
la vida es demasiado importante
como para no ser independiente

Acepta siempre la guia
de aquellos que han hecho
de esa guia un camino
Recuerda:
estos no son tus criterios
si no apenas los que fueron-siendo mios.-

miércoles, 27 de junio de 2012

EL MOVIMIENTO OBRERO Y LOS GOBIERNOS RADICALES (II)


Figura silenciosa de los últimos años del país, el Presidente Arturo Illia, fue otro de los radicales en el poder que tuvo dificultades en su relación con el Movimiento Obrero Organizado, principalmente con el Peronista.
En un contexto latinoamericano de revoluciones permanentes y con las potencias disputandose la hegemonía en Asia y África, este radical de viejo puño, tuvo que comandar un país de fogones permanentes.
Otra postal de la época.-


EL CONTEXTO

Habiendose producido el golpe de estado a Arturo Frondizi, un gobierno transitorio, liderado por el Presidente del Senado José María Guido, anuló las elecciones en las que las fuerzas neoperonistas se hicieron de varias gobernaciones (principalmente la de Provincia de Buenos Aires, donde había ganado el Dirigente Gremial Andrés Framini), y volvió a proscribir el peronismo, bajo todas las formas posibles. Corría el año 1962 y el presidente de facto, analizaba la posibilidad de convocar a nuevas elecciones, esta vez, sin posibles emergentes peronistas.

En cuanto al movimiento obrero refiere, el proceso de los gobiernos radicales, fue marcando una serie de eventos que delinearon la aparición de nuevas expresiones gremiales, de macada identidad política, mucho más influenciada por los procesos revolucionarios que se estaban dando en el mundo, que por la imagen del General exiliado. Puede decirse, en este sentido, que Revoluciones como las Cubana, Rusa y China, el campo socialista y los procesos de lucha anticolonial en América Latina y Asia, dieron marco conceptual, para la incipiente aparición de estas expresiones, todavía sectorialmente focalizadas y de escasa influencia en el Movimiento Obrero, predominantemente Peronista.

Desde la Central Obrera Argentina (CGT), la llegada de un nuevo radical al gobierno, producida el 12 de octubre de 1963, tuvo un sinsabor que dificultó el análisis y generó más de una contradicción en el accionar que debía tenerse frente a este. Arturo H. Illia, había ganado con un magro 25% las elecciones donde la segunda fuerza (con un 18%) había sido el voto en blanco. Esto, significó un duro revés para el peronismo, todavía abroquelado en el Movimiento Obrero, quien en 1962 ya había sufrido la anulación de las elecciones en las que varios dirigentes gremiales participaron activamente.

EL GOBIERNO

El gobierno de Illia, radical perteneciente a la Unión Cívica Radial del Pueblo, es difícil analizarlo si no se lo “aísla” del contexto en el que tuvo que ejercer el poder y del relato popular sobre la figura presidencial.
Macroeconómicamente el Gobierno de Don Arturo, tuvo excelentes índices. En tres años de gestión logró disminuir en tres puntos porcentuales la desocupación y elevar el salario real un 9,6%. Asimismo, se consolidó el proceso de reactivación de la industria, lo que garantizó un repunto del Producto Bruto Interno del país.

Eso sí, hubo tres grandes ejes del gobierno radical, que garantizaron un halito de buenas noticias para los sectores populares de la Argentina. Uno de ellos fue la anulación de los contratos petroleros del Presidente Frondizi, quien en un intento de desarrollo (más en los fines que en los medios –en este caso puntual) permitió el ingreso de grandes capitales extranjeros para promover el desarrollo de la actividad petrolera. Dijo el presidente Illia en aquel momento que la anulación de los contratos se producía por  "vicios de ilegitimidad y por ser dañosos a los derechos e intereses de la Nación" (15/11/1963). Otro de los hechos importantes de la gestión fue la incorporación del Salario Mínimo, Vital y Móvil a la Legislación Argentina con el fin de "evitar la explotación de los trabajadores en aquellos sectores en los cuales puede existir un exceso de mano de obra", "asegurar un ingreso mínimo adecuado" y "mejorar los salarios de los trabajadores más pobres", medida que fue acompañada por la Ley de Abastecimiento, que pretendía controlar los precios de los artículos de la Canasta Básica Alimentaria. Finalmente, se puede señalar que (quizás) el último de los logros de la gestión fue la Ley de Medicamentos, puesta en marcha para controlar la producción, comercialización y sobre todo los precios de estos.

EL MOVIMIENTO OBRERO Y EL GOBIERNO

Decir que Arturo Umberto Illia fue una víctima del contexto, podría no ser desacertado conceptualmente. Mientras se producían las medidas señalas precedentemente, y se bajaba la deuda externa de 3.400 millones de dólares a 2.600 millones, el Movimiento Obrero Argentino parecía estar pendiente de otros temas (entre ellos: el retorno del Gral. Perón). Fue así que para finales de 1963 pudo armarse un fuerte plan de lucha contra el Gobierno Nacional que constó de dos etapas. La primera, sectorialmente aplicada, con huelgas, paros, asambleas de fábrica y la segunda con ocupaciones de fábricas y movilizaciones masivas.
A esto, se sumó un gran esfuerzo de los medios de comunicación de la época, quienes aprovecharon el escaso margen de votos recibidos por Illia, para comenzar una fuerte campaña de deslegitimación. Por su parte, los militares no se quedaron quietos y aprovecharon muy bien la debilidad del gobierno para fomentar la idea del “Golpe necesario” para salvar al país.

Hay, si se quiere, un punto de inflexión en el proceso, ya que en diciembre de 1964, el Gral. Juan Domingo Perón, intentó por primera vez regresar al país. Illia, tal vez temeroso de los sucesos que podrían desencadenarse si esto se concretaba, solicitó al Gobierno de Brasil que retuviera al Gral. Perón e impidiera su arribo a la Argentina. Esto que puede parecer un hecho menor y complemente paralelo a la historia del Movimiento Obrero, revistío, en aquel momento, una importancia singular, ya que luego de esto, se profundizó la contradicción entre dos tendencias que ya se disputaban la hegemonía hacia dentro del peronismo. Los identificados con el líder metalúrgico Augusto Timoteo Vandor, nucleados en las 62 Organizaciones, que comenzaron a hablar de un peronismo sin Perón, y el otro agrupado en torno al dirigente textil Andrés Framini, que funda las 62 organizaciones “de pié junto a Perón”, que defendía la historia e imagen del Gral..

La Argentina, se hacía convertido en un hervidero de presiones políticas. Por osmosis, lo mismo que se discutía hacía dentro de la CGT, tuvo eco en el Ejercito, en cuyas filas los mandos debatían que hacer con el peronismo. Había quienes buscaban prohibirlo completamente, por considerarlo peligroso (los “colorados”), mientras que otros (los colorados), poniendo más acento en el comunismo, preveía una convivencia controlada con los peronistas, como resguardo ante el crecimiento de la izquierda.

LOS MOMENTOS FINALES

Al fin y al cabo, las distintas fuerzas del país, los medios de comunicación y los capitales afectados por la política de Illia, pusieron coto al gobierno nacional. Nadie descartaba el golpe.
Por un lado, Azules y Colorados (como facciones en disputa) luchaban en el Ejército para determinar quien conduciría el nuevo proceso. Por otro, el Movimiento Obrero, dividido por el contexto del país y la figura del Gral. Perón, se disputaba el contenido de los planes y proclamaciones. Había marchas y contramarchas sobre lo que se hacía y esto dificultaba el accionar orgánico de la CGT en los centros urbanos. Mientras que en el interior, sobre todo en el cordón azucarero del noroeste y las zonas industriales de Córdoba y Santa Fe, se albergaban los primeros agrupamientos de la izquierda revolucionaria con ascendencia entre los trabajadores.

La crónica del final se terminó de escribir el 28 de junio de 1966, cuando el Gral. Julio Alsogaray y el Cnel. Luis Perlinger, se apostaron en el despacho del Jefe de Estado, “ustedes no tienen nada que ver con el Ejercito de Belgrano y San Martín” habría dicho Illia en presencia de los golpistas. La dignidad de los últimos momentos no bastó para detener el golpe. Los “colorados” habían ganado la batalla, el movimiento obrero se preparaba nuevamente para la resistencia.

MOVIMIENTO OBRERO Y GOBIERNOS RADICALES (I)


El movimiento obrero, reestructurado como “peronista” luego de la primera Presidencia del Gral. Juan Domingo Perón, fue un elemento de poder latente en la política de los últimos años.
Amado y odiado por los partidos de poder, supo estructurar alianzas (muchas veces improductivas) con los distintos gobiernos. Eso sí, la convivencia con los radicales del Siglo XX (Frondizi, Illia, Alfonsín) no fue, lo que podría decirse, una relación fácil de llevar. Este mes pretendemos armar una crónica en la que podamos reflexionar juntos sobre los modos en los que se fueron dando los procesos y como, a veces, “con la democracia no solo se vota”.
Frondizi y Fidel, dos grandes estadistas del Siglo XX.


Luego de un acuerdo con el Peronismo, secretamente realizado entre John William Cooke y Rogelio Frigerio (secretarios privados de Perón y Frondizi, respectivamente), Arturo Frondizi allano el 65 porciento  del camino que lo conduciría a la presidencia del país.

Formalmente fue electo el 23 de febrero de 1958 y asumió como presidente el 1 de mayo del mismo año. Su perfil fue “desarrollista”, su lógica buscó cambiar la matriz productiva del país, para dejar de ser una nación agroexportador y convertirnos en un polo productivo industrial y con alto grado de desarrollo en materia hidrocarburífera. Su base de apoyo fue altamente heterogénea y su política de alianzas permitió juntar católicos, conservadores populares, radicales, sectores de izquierda y peronistas proscriptos, los últimos bajo la promesa de legalizar el peronismo, derogar los decretos proscriptivos y permitir que la principal fuerza política del país se reencontrara con las instituciones democráticas.
Parecía una novela de final feliz, pero los protagonistas se encargaron de demostrar lo contrario.

Si bien Frondizi avanzó fuertemente en medidas políticas de índole social: el 82% móvil automático para los jubilados, una ley de asociación sindicales de libre afiliación, que permitía crear sindicatos y que le daba al más representativo la personería gremial para la actividad, derogación del la “ley de residencia” de 1902, entre otras cosas, al no poder cerrar los frentes peronistas y castrenses, su gobiernos entró en el colapso.

Por un lado, los soldados de Perón recordaban a don Arturo su promesa pre electoral, mientas que las fuerzas armadas lo jaqueaban permanente para que continuará exceptuando al peronismo de la vida democrática e institucional. El tironeo no duró mucho y la balanza comenzó a desequilibrarse. Frondizi quería seguir gobernando y en ese sentido era más cara la promesa a Perón que la obediencia a los militares.

La situación se complejizo a punto tal que, los gremios que se sentían traicionados por el incumplimiento de la palabra empeñada, vieron tanto en eso, como en la ley de asociaciones sindicales y en factores económicos como la inflación y el “excesivo” ingreso de capital extranjero una provocación difícil de soportar.
 Las protestas fueron increcendo, al mismo ritmo que la represión. En tiempos de alta conflictividad Frondizi ideó el Plan Conintes (conmoción interna del estado) que permitió sacar a la calle a los militares, que gustosos de la revancha, no dudaron en reprimir duramente el Movimiento Obrero identificado con el General.

1962, no fue un año fácil para el país. Como todo año electoral, estuvo minado de situaciones que impidieron cualquier signo de relajación en la vida política del país. Los peronistas le habían encontrado la vuelta a la “proscripción” y armando partidos de carácter nacional y popular se presentaron a las elecciones [dato: así nace el Movimiento Popular Neuquino, nótese el uso de las siglas correspondientes al Movimiento Nacional Peronista o Justicialista ]. El 18 de marzo, día de las elecciones, fue todo a pedir de Perón. Se ganó ampliamente en más se seis distritos electorales, incluida la provincia de Buenos Aires, con el dirigente gremial Andrés Framini a la cabeza.
Los militares no se la bancaron y apretaron a Frondizi para que anulara el proceso electoral e interviniera las provincias en las que el neo-peronismo había ganado. Pero nada evitó el desenlace forzando.

El 29 de marzo de 1962 Frondizi fue destituido mediante un golpe de estado con rostro “institucional”, asumió como presidente provisional al Presidente del Senado, José María Guido. Tironeado por peronistas y militares, la presidencia de solemne “intransigente” fue carne de cañon de la inefable relación entre peronistas y militares. Nadie ganó en aquella oportunidad.

La república, había perdido una nueva batalla.


lunes, 21 de noviembre de 2011

RADOWISKI, FALCÓN Y LAS JORNADAS DEL 1° DE MAYO


La historia de las primeras conmemoraciones del 1° de mayo
El anarquismo, fue uno de los sectores que dentro del Movimiento Obrero, mayor influencia ejerció en los últimos años del siglo XIX y en los primeros del siglo XX. Heterogéneo y de estrategias variadas supo marcar a fuego, literalmente hablando, los comienzos de lucha y organización de los trabajadores.

Las corrientes migratorias que comenzaron a llegar con la Presidencia de Nicolás Avellaneda (1874-1880) fueron recibidas con júbilo por la oligarquía agroexportadora, estos trabajadores foráneos no solo representaban la mano de obra especializada que el modelo necesitaba, sino que además eran los garantes de la posibilidad de producción, en un país que todavía no terminaba de dirimir la disputa con los gauchos ni con los “indios”.
Todo formaba parte del mismo plan, la División Internacional de Trabajo, en beneficio de las potencias, había determinado que la Argentina tenía el “digno” papel de productor de materias primas, que siendo industrializadas en los países “productores” retornarían, más tarde, a los mercados locales. Para ello se necesitaban trabajadores que supieran trabajar y que además tuvieran ventajas para radicarse en el país. Se pensaba, por aquel entonces, que a la Argentina arribarían expertos laburantes ingleses y alemanes, dotados del conocimiento necesario para que nuestro país consolide el rol que le asignaban en el mundo. 

La respuesta a los planes gubernamentales, fue el arribo de la más grande camada de expulsados de la vieja Europa, españoles, italianos y rusos, ocuparon el lugar de los finos anglosajones; con ellos arribaría no solo el trabajo, traían consigo el hambre, el anarquismo y el socialismo.

LAS PRIMERAS DISPUTAS

Estos inmigrantes, en conjunto con la criollada, fueron dando forma definida a los incipientes esfuerzos patrios de conformación de organizaciones de clase. Los primeros agrupamientos mutualisticos se fueron convirtiendo de a poco en sindicatos y estos, comenzaron a marcar el ritmo de la lucha contra un capitalismo nacional, también naciente, pero no por ellos menos injusto.
A la conformación de sindicatos por oficio o por rama de actividad, le siguió uno de los problemas más caros (y también actuales) del movimiento: el de la unidad… ¿cómo se hacía para coordinar a todos los sindicatos? ¿Era necesaria una nueva organización que nucleara a todos? ¿Las ideologías que los sindicatos sostenían, eran un obstáculo para la unidad?
El mundo se movía a la par de los interrogantes. Ya en 1884, la Liga Americana de Caballeros del Trabajo convocaba a los obreros estadounidenses a una huelga por 8hs de trabajo. El paro de actividades recién se concreto en 1886, pero las consecuencias marcaron a fuego la historia de los trabajadores: nacía entonces el 1° de mayo (de esto haremos un informe aparte).
Tanto Anarquistas como Socialistas, cada cuál con su arsenal de ideas fueron dando respuestas a la necesidad de coordinación de las luchas gremiales. Ambos sectores habían propiciado la formación de Centrales Sindicales y con ello, del pliego de reivindicaciones que llevarían a los trabajadores a una nueva sociedad, más digna y más justa.
Así llegamos a 1900.
La oligarquía gobernante, impaciente frente a los trabajadores, comenzó a reaccionar frente al proceso que se daba en el Movimiento Obrero. En 1902 se sancionaba la Ley de Residencia, que establecía que todo extranjero que provocará alteraciones en el orden público sería expulsado del país sin más. No obstante, los trabajadores respondían con más lucha y con más enfrentamientos. Socialistas, organizaban su propio Partido para propiciar la participación obrera en las elecciones. Mientras que los Anarquistas, se plantaban con furiosas huelgas generales.

LOS TRÁGICOS HOMENAJES Y LA VENGANZA ANARQUISTA

Ya para 1904 se organiza de forma conjunta una reivindicación nacional por el día del trabajador. Ambos sectores acuerdan un acto de unidad que es tan exitoso, como ferozmente reprimido. 4 muertos, 50 heridos y cientos de detenidos es el saldo de la represión comandada por el Jefe de Policía Coronal Ramón Lorenzo Falcón.
En 1909, se da un nuevo enfrentamiento. El día del trabajador es reivindicado, está vez, de forma separada, cada una de las fracciones del Movimiento Obrero organiza su acto de homenaje a los “mártires de Chicago”.
La respuesta, nuevamente del Coronel Falcón, fue lapidaria. Doce obreros murieron en la furiosa represión y más de 105 quedaron heridos. Además, se produjo la clausura de todos los órganos de prensa sindicales que circulaban en el país, sindicatos y centros de reunión de anarquistas. La respuesta no se haría esperar.
El 14 de noviembre de 1909, Simón Radowitzky un joven obrero ruso sobreviviente de la represión de mayo, estaba escondido en la esquina de Quintana y Callao. Falcón, viajaba en su carro, lo acompañaba Alberto Lartigau, su secretario personal. Era el mediodía de una jornada cálida y soleada. Ambos habían participado del funeral del Director de la Penitenciaría Nacional.
Al paso del carro, Radowitzky corrió sagazmente hacia el Coronel y al grito de “¡viva la anarquía!” arrojó un explosivo de producción casera. El atentado se había concretado. El joven ruso fue detenido y más tarde condenado, mientras que Falcón, herido de muerte, fue prontamente socorrido.
Sin embargo, el explosivo había producido daños irreparables. A las 2 de la tarde del mismo día, moría así, uno de los más terribles represores que ha dado la historia de nuestro país. El anarquismo, había ajusticiado al verdugo. Nada quedaría igual… pero lo que sigue, como habitualmente se dice, es parte de otra historia.

sábado, 19 de noviembre de 2011

A 42 AÑOS DE UN SUCESO FUNDAMENTAL

Agustín Tosco, lider del sindicalismo de liberación.-
Si bien estamos hablando de un suceso que marcó la Argentina hace ya 42 años, el Cordobazo ha dejado una huella indeleble en la historia del movimiento obrero de nuestro país y que incluso hoy, se sigue manifestando de forma latente, aunque inconstante.

Como todo momento, estuvo rodeado de un contexto definido por circunstancias únicas e irrepetibles. Gobernaba la dictadura de Juan Carlos Onganía, con modelo de administración apegado a las corporaciones económicas (e incluso políticas) y si bien permanecía, al menos desde lo formal, la proscripción del peronismo, en los hechos, algunos de los sectores que lo integraban como movimiento, colaboraban abierta e interesadamente con el gobierno militar. Cuestión que se visualizaba tanto desde el peronismo institucionalizado (Paladino) como desde el gremialismo burocrático (Vandor).

Ante esto, la respuesta de la clase trabajadora fue organizarse desde la base, con un modelo sindical que atendiera las necesidades de los trabajadores y que rompiera con los acuerdos, que tanto la CGT como Perón habían suscripto para sostener un gobierno que esperaban desemboque en el retorno definitivo del líder justicialista.

La modalidad fue estructurada en torno a la figura del delegado, comités fabriles, cuerpos de delegados, juntas internas, instancias que garantizaban un vínculo permanente entre los trabajadores y la acción gremial. Mientras la resistencia a la dictadura y el Movimiento Obrero demostraba en la calle el poder real que tenía, la contraofensiva de Ongania no se haría esperar por mucho tiempo y en eso se puede encontrar el punto de quiebre que motivo el “Cordobazo”: la quita del sábado inglés (trabajar solo la mañana del sábado, para hacerlo jornada completa). Ante esto, se sucedió lo inevitable. Las protestas se sucedieron primero de forma sectorial, para después congregarse masivamente en el Paro General que los gremios combativos de la CGT alineados con Raimundo Ongaro. Estudiantes y partidos políticos se sumaron a la protesta y los enfrentamientos con el ejército y la policía cordobesa se sucedieron en el centro, en las fábricas y en los barrios. Nacía así el “Cordobazo” corría el 29 de mayo de 1969, un año antes, se producía el “mayo francés”.

La represión dejo arrestos, heridos y al menos 16 muertos oficiales. En la calle se produjo, más allá de todo, la visibilización de un proyecto de organización de clase que excedía los marcos del peronismo, y que incluso puede decirse, se hizo a pesar de él. La unidad de los sindicatos clasistas, la unidad en la acción con partidos y estudiantes, fue tan contundente que forzó el repliegue de la medida (la quita del sábado inglés) y que Ongania quedará francamente debilitado frente a los sectores de la oligarquía y del ejercito. Un año después debería dejar “ordenadamente” el mando al Gral. Roberto Levingston.

Lo cierto, es que el modelo sindical que expresó el Cordobazo, caló hondo en la dirigencia peronista de la época e hizo ilusionar (o esperanzar) a los sectores combativos, con tener la hegemonía de conducción de clase, cosa que finalmente no ocurrió. La lucha, de cualquier manera, sigue abierta, y como todo proceso que no se cierra, vuelve a la conciencia de las masas, en momentos insospechados, máxime si como dice la canción hay contextos con “el arriba nervioso y el abajo que se mueve”.

AGUSTÍN TOSCO: LIDER DE LA DIGNIDAD
El “Gringo”, nació un 22 de mayo de 1930 en un pueblito de Córdoba conocido como Coronel Moldes. Se crió en una zona donde los gringos proliferaban trabajo y esfuerzo. Estudió en el Instituto Otto Krause, la Tecnicatura Electromecánica que le permitió abordar de lleno el trabajo en el Ente Provincial de Energía de Córdoba, que fue donde comenzó su militancia gremial en el ya recordado Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba.

Los compañeros lo recuerdan como un buen tipo, sencillo, pero contundente sindical e ideológicamente. No por nada, se convertiría en el máximo referente gremial del Movimiento Obrero Argentino en los finales de los 60 y principios de los 70.

Caminó las calles durante el Cordobazo, lucho por reivindicaciones laborales y sectoriales, pero bregó incansablemente por la liberación de la clase trabajadora, lo suyo, fue el sindicalismo, pero sin dudas que caló hondo en la escuela de la conducta, esa tan pocos egresados a dado en nuestra historia. La agrupación que conduce este gremio, toma su nombre. Un sencillo homenaje, pero también, una cabal definición política.




viernes, 16 de septiembre de 2011

DISCUSIÓN PARA LA FORMACIÓN DE CUADROS EN EL PARTIDO





El partido hace tiempo que tiene pendiente una de las tareas más importantes que se requieren para la construcción de poder popular en aras de la conquista del poder político: la formación de cuadros militantes para la organización.


Si bien en este sentido hay precedentes valiosos como los talleres de “Interpretación de la realidad social” de la localidad de Neuquén o las “Jornadas de Economía Social” que se realizaron en Chos Malal, entre otras, el Movimiento carece de una conducción estratégica en cuanto a la formación de cuadros y dirección política e ideológica que esta debe tener, lo que hace que las experiencias se manifiesten de forma aislada y con sectoriales interpretaciones de los contenidos y objetivos, lo que pudiendo beneficiar la heterogeneidad de la militancia, perjudica la consolidación del discurso y la base de nivelación de nuestra estructura.

En cuanto a la conducción actual vigente hasta noviembre de 2011, los méritos no han sido del todo loables en materia de formación de cuadros. El anterior Secretario de Capacitación, hoy en andares distintos de los nuestros, no cumplió con las tareas que a su rol le cabían y muchas de las discusiones coyunturales que hacia adentro del partido se tuvieron, sobre todo por acción del gobierno nacional, y que podrían haber desencadenado un punto de partida para definiciones políticas estructuras (y no solo de sus conductores) no fue para nada aprovechada. 

Quien desempeñaba el cargo en esos momentos, sabrá cuales fueron las razones que lo contuvieron de actuar. Hoy el panorama es distinto. Tenemos un Secretario de Capacitación que no solo es de los históricos dirigentes de nuestro partido, sino que es una persona que tiene, en su haber, pergaminos que nos inducen a creer que es quien mejor puede desempeñarse en el puesto, no solo en lo que resta de mandato para la conducción actual, sino también a posteriori. No obstante, las construcciones son colectivas, y una sola persona no puede garantizar, en ningún aspecto, tareas que son de necesidad y orden general.
En vistas de esto es que se hace necesario plantear, y en algunos casos replantear, cuál es la posibilidad real de actuar en la cuestión de formación política de cuadros, de acuerdo al estado del partido, sus recursos (humanos y económicos) y el año particular que nos tocará vivir, que nos conducirá inexorablemente a priorizar (con justa razón) la contienda electoral de la provincia y la nación.

CONSIDERACIONES GENERALES

Qué es un cuadro político. Definición.

Cuadro Político es aquel militante que ha alcanzado cierto desarrollo intelectual en diversos temas vinculados a la política como eje rector, economía, historia, sociología, filosofía, etc. Que los aplica críticamente en su vida práctica de acuerdo a las circunstancias que le tocan vivir y que a su vez, formula y reformula lo entendido de acuerdo a las experiencias de las que se nutre. No es un individuo aislado, es decir, no puede ser sin el otro, ni sin la organización que lo contiene, lo representa y le da directivas de acción. No obstante, es un librepensador, heterodoxo, respetuoso de las posturas ajenas pero firmemente convencido de sus principios y valores.
Asimismo, es un espécimen moral a la altura de las circunstancias, ya que todo su capital político está puesto al servicio de la transformación y esta, como tal, demanda la participación del pueblo que él alentará con su pensamiento, acción y ejemplo. Es un sujeto crítico constructivo y reflexivo de las experiencias populares.
Su condición de militante, lo predispone al trabajo, y su capacidad de acción, lo sitúa en el lugar de organizador, de impulsor de avances, sea en el seno del partido, como en el seno del pueblo. No está demás aclarar que si bien es condición necesaria para el cuadro político ser militante (ya que somos lo que estamos siendo mientras actuamos en relación a los demás y hacia nosotros mismos), no todo militante es un cuadro político.

Transformación del militante. Camino hacia el cuadro.

Como se decía anteriormente, no todo militante es cuadro pero si todo cuadro es militante. Teniendo la condición de cuadro, es fácil mantener en el tiempo la organización, los problemas aparecen cuando la organización solo cuenta con militantes. ¿Qué hacer en esas situaciones? Es la primera pregunta que puede aparecer. En esto, cumple un rol protagónico el partido y la conducción del mismo. Ya que estos como Vanguardia de la militancia, son los que deben allanar el camino en vistas de que puede producirse la transformación.
Va de suyo, que la conducción del partido debe estar integrada mayoritariamente por cuadros, siendo los militantes minoría, ya que de lo contrario, no habrá avance posible.
Siendo la conducción vanguardia de la militancia (despojemos al término de adjetivos como “iluminada” y entendámoslo en su real acepción: parte del ejercito que está delante de la guardia) es su deber crear condiciones para que las bases militantes puedan dar el salto cualitativo que les permita convertirse en cuadros. Las conducciones que no propician este tipo de políticas son propensas a caer en el personalismo, la burocratización y el enquistamiento en los espacios de poder.
Para evitar languidecer en la mediocridad, toda organización que se precie como tal debe volcar, en la medida de sus posibilidades, recursos que permitan que los responsables de las tareas de formación, lleven adelante la concientización de los militantes. Para lo cual, no solo se precisan recursos económicos, sino también de carácter conceptual, el militante para convertirse en cuadro, precisa de guía que descubra el velo del camino que irá haciendo en su andar laboral-reflexivo.

Programa de acción. Rol de la conducción. 

Si una guía clara no quita el velo para la autoformación del militante, este corre riesgo de caer en el dogmatismo, en las falacias ideológicas o en la desilusión. El rol claro y consciente de la conducción es el que garantizará que ningún militante sea llevado a la inmoralidad, el vacio y la oscuridad.
Es necesario, entonces, que la conducción tenga claros parámetros de pensamiento. No es bueno ofrecer algo cerrado, indiscutible-indiscutido, ya que atenta contra la integridad moral de los militantes, pero tampoco es bueno que, por querer ser heterogéneos, se ofrezca un manual al estilo escolar primario, donde todo sea igual a todo y nada tenga particularidad en lo más mínimo.
Para esto, en una instancia previa, la conducción debe definir que es lo que quiere como tal, con el partido y como en base a los objetivos estratégicos que se plantean se ofrece un programa de formación que permita la descentralización hegemónica de los contenidos para que sean aplicados, discutidos e incorporados en todos los planos de construcción que el partido tenga.
Sin ánimo de querer ir más rápido que lo que el sulqui da, es bueno dejar como consideración general la de armar un programa que permita atacar los distintos estados de consciencia que hay en nuestra estructura. Uno para los simpatizantes que gustan de lo que somos y quieren saber que es lo que proponemos. Otro para los militantes que quieren convertirse en cuadros políticos y otros para los cuadros políticos que quieren consolidar su formación. Claro que esto no es tarea exclusiva del Secretario de Capacitación, sino del equipo que este pueda llegar a formar, para materializar el objetivo.

Descentralización hegemónica. Que entendemos por esto.

La descentralización hegemónica es la metodología de trabajo que debe seguir la conducción del partido para manejarse al menos en lo que a formación se refiere.
Esta consiste en discutir hacia adentro de la conducción cuales son los ejes de desarrollo macropolíticos por medio de los cuales se regirá el partido durante el tiempo que marque como propicio para hacerlo. Estos aspectos generales y en “abstracto” son los que las bases del partido y las distintas conducciones que están por debajo de la provincial  deben “concretar” en sus lugares de trabajo de acuerdo a las circunstancias materiales y el desarrollo de las fuerzas sociales que allí exista.
Será esta metodología una especie de planificación estratégica de cara a consolidar los aspectos que el partido considere necesario en vistas de cumplir con el objetivo de construir poder popular para la toma del poder político en la provincia. El diseño estratégico estará en manos de la conducción provincial, hegemónicamente, por eso su nombre, mientras que los demás órganos deberán materializar en concreto los trazados.

Consideraciones finales.

Como bien puede verse, desde esta perspectiva la formación de cuadros está completamente vinculada con el proyecto político del partido. No hay posibilidad de concretar proyecto político sino a través de cuadros que puedan construirlo, difundirlo y defenderlo, por esto es necesario que se considere el tema con seriedad, si es que verdaderamente queremos tener posibilidades de materializar algo.
La discusión se vuelve sobre todo importante en este contexto en el cuál estamos obligados a posicionar el partido en alguna de las veredas que pretenden oponerse “políticamente” al Movimiento Popular Neuquino en las elecciones de este año.
Hacia dentro de nosotros vemos posturas encontradas, unos pretenden acompañar a FARIZANO, otros al candidato o candidata del PJ. A nivel nacional tenemos desde el 2003 definido un acompañamiento, primero critico, luego completo, al gobierno nacional de Néstor-Cristina.
No obstante, huelga discutir si estos acompañamientos a distintos actores de la política tradicional serán eternos o se rediscutirán en vistas de capitanear nuestro propio barco. Un análisis real de nuestras posibilidades de partido marca que en lo inmediato el desarrollo de nuestras propias fuerzas no nos brinda el margen suficiente como para gravitar con peso en el escenario de la provincia. Aunque, como todo, solo es situación de momento.
Discutir hacia donde queremos ir, con quienes y de que forma lo vamos a hacer, cuestión que parece quedar muy por encima de cómo definimos una plataforma meramente electoral, la funcionalidad (o no) que nosotros mismos nos damos a través de nuestra carta orgánica y como formamos cuadros políticos, son algunos de los interrogantes que tenemos que plantear si es que queremos sobrevivir a la nacionalización de la política y de las estructuras organizativas.
En cuanto a los cuadros, es bueno recordar lo que de ellos decía Ernesto Guevara, nunca tan oportuno para la cita: 

“El cuadro es la pieza maestra del motor ideológico que es el Partido Unido de la Revolución. Es lo que pudiéramos llamar un tornillo dinámico de este motor; tornillo en cuanto a pieza funcional que asegura su correcto funcionamiento, dinámico en cuanto a que no es un simple trasmisor hacia arriba o hacia abajo de lemas o demandas, sino un creador que ayudará al desarrollo de las masas y a la información de los dirigentes, sirviendo de punto de contacto con aquéllas. Tiene una importante misión de vigilancia para que no se liquide el gran espíritu de la Revolución, para que ésta no duerma, no disminuya su ritmo. Es un lugar sensible; transmite lo que viene de la masa y le infunde lo que orienta el Partido.”

El cuadro, columna vertebral de la revolución
(Ernesto Che Guevara, 1962)