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viernes, 6 de mayo de 2016

LA NUEVA DIRECCIÓN DE NACIONAL

Dalila Pinacho, Directora de Radio Nacional Neuquén junto a Pablo Ciarliero, vicedirector de Nacional  y Jorge Sigal, Secretario de Medios de Nación.
 

Sobre los últimos días del mes de marzo, comenzó a tomar notoriedad el rumor de que Radio Nacional Neuquén tendría nuevas autoridades políticas. El cambio institucional de diciembre de 2015 había dejado la emisora sin conducción gubernamental. Matias Ciampini, quien hasta el momento ejercía el cargo de Gerente de Emisoras de Radio Nacional, había asumido “transitoriamente” la Dirección de LRA43 Radio Nacional Neuquén. Pero el nuevo gobierno, no había avanzado en el nombramiento de un Director del espacio “Cambiemos”.

Finalmente, la designada para el puesto fue la Abogada Dalila Pinacho, una mujer de mediana edad, gesto adusto y ropa elegante. Dalila había cobrado dimensión nacional por dos momentos “cumbre” de su carrera profesional: haberle ganado una demanda de filiación a Diego Maradona (representaba a su hija Jana) y también, por haber sido vocera (hasta 2009) de Joe Lewis, el multimillonario inglés a quien se acusa de haberse “robado” el Lago Escondido de El Bolsón.

Abierta al dialogo desde el momento mismo de su designación, la Directora de Nacional ofreció varias entrevistas a medios locales. En “Cuarto Intermedio”, extinto programa de Radio Universidad Calf (salía de 16hs a 19hs) hizo algunas afirmaciones que resultan interesantes citar.

Respecto de sus objetivos en la emisora, Pinacho planteó que su trabajo girará en torno a tres elementos centrales “profesionalización”, “pluralidad” y “compromiso con la verdad”. Manifestó además, que no tolera el “periodismo militante ni sus trincheras” y que en todo caso, “el periodismo debe ejercerse desde la investigación” (entiendase de no-opinión).

El elemento, tal vez, más inquietante de su conversación con el programa, fue el de su afán de “austeridad”. Contó, en la “retórica macrista”, que “el Estado Nacional está en una situación fiscal complicada y compleja, con un déficit ostensible que obliga a tomar medidas de ahorro”. Claro que también estuvo la lógica de la herencia recibida y lo pesado que es administrar un país en esas condiciones.

¿Pasarán a formar parte del paquete de austeridad los trabajadores y trabajadoras de Radio Nacional Neuquén? Es difícil saberlo. Como nobleza obliga, hay que reconocer que hasta el cierre de la edición de esta revista no se habían registrado despidos en la emisora. De cualquier manera, Nacional Neuquén solo cuenta con tres contratados: Héctor Mauriño, co-conductor de Viento Sur y Roberto Aguirre y Francisco Camino Vela, columnistas del mismo programa. El resto, personal de planta tiene en su haber 3 ingresos registrados por concurso. El resto, ingresó por nombramientos directos.

En lo que tiene que ver con los contenidos, Dalila Pinacho, no ha avanzado en lo que podría ser un “control ideológico” de la programación y hasta el momento, las decisiones que más malestar han generado, son las relacionadas a la reducción de horas extras. Para un personal siempre necesitado de “divisas”, dejar de contar con ingresos extraordinarios, en tiempos de inflación remarcada, es siempre una noticia negativa.

Podría haberles ido peor a los trabajadores de Nacional Neuquén. En LRA 14 Radio Nacional Santa Fe se designó a Carlos Fornés, ex agente de inteligencia de la Policía provincial, vinculado a varias publicaciones que reivindican el Terrorismo de Estado. Acá no se animaron a tanto.

miércoles, 27 de junio de 2012

EL MOVIMIENTO OBRERO Y LOS GOBIERNOS RADICALES (II)


Figura silenciosa de los últimos años del país, el Presidente Arturo Illia, fue otro de los radicales en el poder que tuvo dificultades en su relación con el Movimiento Obrero Organizado, principalmente con el Peronista.
En un contexto latinoamericano de revoluciones permanentes y con las potencias disputandose la hegemonía en Asia y África, este radical de viejo puño, tuvo que comandar un país de fogones permanentes.
Otra postal de la época.-


EL CONTEXTO

Habiendose producido el golpe de estado a Arturo Frondizi, un gobierno transitorio, liderado por el Presidente del Senado José María Guido, anuló las elecciones en las que las fuerzas neoperonistas se hicieron de varias gobernaciones (principalmente la de Provincia de Buenos Aires, donde había ganado el Dirigente Gremial Andrés Framini), y volvió a proscribir el peronismo, bajo todas las formas posibles. Corría el año 1962 y el presidente de facto, analizaba la posibilidad de convocar a nuevas elecciones, esta vez, sin posibles emergentes peronistas.

En cuanto al movimiento obrero refiere, el proceso de los gobiernos radicales, fue marcando una serie de eventos que delinearon la aparición de nuevas expresiones gremiales, de macada identidad política, mucho más influenciada por los procesos revolucionarios que se estaban dando en el mundo, que por la imagen del General exiliado. Puede decirse, en este sentido, que Revoluciones como las Cubana, Rusa y China, el campo socialista y los procesos de lucha anticolonial en América Latina y Asia, dieron marco conceptual, para la incipiente aparición de estas expresiones, todavía sectorialmente focalizadas y de escasa influencia en el Movimiento Obrero, predominantemente Peronista.

Desde la Central Obrera Argentina (CGT), la llegada de un nuevo radical al gobierno, producida el 12 de octubre de 1963, tuvo un sinsabor que dificultó el análisis y generó más de una contradicción en el accionar que debía tenerse frente a este. Arturo H. Illia, había ganado con un magro 25% las elecciones donde la segunda fuerza (con un 18%) había sido el voto en blanco. Esto, significó un duro revés para el peronismo, todavía abroquelado en el Movimiento Obrero, quien en 1962 ya había sufrido la anulación de las elecciones en las que varios dirigentes gremiales participaron activamente.

EL GOBIERNO

El gobierno de Illia, radical perteneciente a la Unión Cívica Radial del Pueblo, es difícil analizarlo si no se lo “aísla” del contexto en el que tuvo que ejercer el poder y del relato popular sobre la figura presidencial.
Macroeconómicamente el Gobierno de Don Arturo, tuvo excelentes índices. En tres años de gestión logró disminuir en tres puntos porcentuales la desocupación y elevar el salario real un 9,6%. Asimismo, se consolidó el proceso de reactivación de la industria, lo que garantizó un repunto del Producto Bruto Interno del país.

Eso sí, hubo tres grandes ejes del gobierno radical, que garantizaron un halito de buenas noticias para los sectores populares de la Argentina. Uno de ellos fue la anulación de los contratos petroleros del Presidente Frondizi, quien en un intento de desarrollo (más en los fines que en los medios –en este caso puntual) permitió el ingreso de grandes capitales extranjeros para promover el desarrollo de la actividad petrolera. Dijo el presidente Illia en aquel momento que la anulación de los contratos se producía por  "vicios de ilegitimidad y por ser dañosos a los derechos e intereses de la Nación" (15/11/1963). Otro de los hechos importantes de la gestión fue la incorporación del Salario Mínimo, Vital y Móvil a la Legislación Argentina con el fin de "evitar la explotación de los trabajadores en aquellos sectores en los cuales puede existir un exceso de mano de obra", "asegurar un ingreso mínimo adecuado" y "mejorar los salarios de los trabajadores más pobres", medida que fue acompañada por la Ley de Abastecimiento, que pretendía controlar los precios de los artículos de la Canasta Básica Alimentaria. Finalmente, se puede señalar que (quizás) el último de los logros de la gestión fue la Ley de Medicamentos, puesta en marcha para controlar la producción, comercialización y sobre todo los precios de estos.

EL MOVIMIENTO OBRERO Y EL GOBIERNO

Decir que Arturo Umberto Illia fue una víctima del contexto, podría no ser desacertado conceptualmente. Mientras se producían las medidas señalas precedentemente, y se bajaba la deuda externa de 3.400 millones de dólares a 2.600 millones, el Movimiento Obrero Argentino parecía estar pendiente de otros temas (entre ellos: el retorno del Gral. Perón). Fue así que para finales de 1963 pudo armarse un fuerte plan de lucha contra el Gobierno Nacional que constó de dos etapas. La primera, sectorialmente aplicada, con huelgas, paros, asambleas de fábrica y la segunda con ocupaciones de fábricas y movilizaciones masivas.
A esto, se sumó un gran esfuerzo de los medios de comunicación de la época, quienes aprovecharon el escaso margen de votos recibidos por Illia, para comenzar una fuerte campaña de deslegitimación. Por su parte, los militares no se quedaron quietos y aprovecharon muy bien la debilidad del gobierno para fomentar la idea del “Golpe necesario” para salvar al país.

Hay, si se quiere, un punto de inflexión en el proceso, ya que en diciembre de 1964, el Gral. Juan Domingo Perón, intentó por primera vez regresar al país. Illia, tal vez temeroso de los sucesos que podrían desencadenarse si esto se concretaba, solicitó al Gobierno de Brasil que retuviera al Gral. Perón e impidiera su arribo a la Argentina. Esto que puede parecer un hecho menor y complemente paralelo a la historia del Movimiento Obrero, revistío, en aquel momento, una importancia singular, ya que luego de esto, se profundizó la contradicción entre dos tendencias que ya se disputaban la hegemonía hacia dentro del peronismo. Los identificados con el líder metalúrgico Augusto Timoteo Vandor, nucleados en las 62 Organizaciones, que comenzaron a hablar de un peronismo sin Perón, y el otro agrupado en torno al dirigente textil Andrés Framini, que funda las 62 organizaciones “de pié junto a Perón”, que defendía la historia e imagen del Gral..

La Argentina, se hacía convertido en un hervidero de presiones políticas. Por osmosis, lo mismo que se discutía hacía dentro de la CGT, tuvo eco en el Ejercito, en cuyas filas los mandos debatían que hacer con el peronismo. Había quienes buscaban prohibirlo completamente, por considerarlo peligroso (los “colorados”), mientras que otros (los colorados), poniendo más acento en el comunismo, preveía una convivencia controlada con los peronistas, como resguardo ante el crecimiento de la izquierda.

LOS MOMENTOS FINALES

Al fin y al cabo, las distintas fuerzas del país, los medios de comunicación y los capitales afectados por la política de Illia, pusieron coto al gobierno nacional. Nadie descartaba el golpe.
Por un lado, Azules y Colorados (como facciones en disputa) luchaban en el Ejército para determinar quien conduciría el nuevo proceso. Por otro, el Movimiento Obrero, dividido por el contexto del país y la figura del Gral. Perón, se disputaba el contenido de los planes y proclamaciones. Había marchas y contramarchas sobre lo que se hacía y esto dificultaba el accionar orgánico de la CGT en los centros urbanos. Mientras que en el interior, sobre todo en el cordón azucarero del noroeste y las zonas industriales de Córdoba y Santa Fe, se albergaban los primeros agrupamientos de la izquierda revolucionaria con ascendencia entre los trabajadores.

La crónica del final se terminó de escribir el 28 de junio de 1966, cuando el Gral. Julio Alsogaray y el Cnel. Luis Perlinger, se apostaron en el despacho del Jefe de Estado, “ustedes no tienen nada que ver con el Ejercito de Belgrano y San Martín” habría dicho Illia en presencia de los golpistas. La dignidad de los últimos momentos no bastó para detener el golpe. Los “colorados” habían ganado la batalla, el movimiento obrero se preparaba nuevamente para la resistencia.

MOVIMIENTO OBRERO Y GOBIERNOS RADICALES (I)


El movimiento obrero, reestructurado como “peronista” luego de la primera Presidencia del Gral. Juan Domingo Perón, fue un elemento de poder latente en la política de los últimos años.
Amado y odiado por los partidos de poder, supo estructurar alianzas (muchas veces improductivas) con los distintos gobiernos. Eso sí, la convivencia con los radicales del Siglo XX (Frondizi, Illia, Alfonsín) no fue, lo que podría decirse, una relación fácil de llevar. Este mes pretendemos armar una crónica en la que podamos reflexionar juntos sobre los modos en los que se fueron dando los procesos y como, a veces, “con la democracia no solo se vota”.
Frondizi y Fidel, dos grandes estadistas del Siglo XX.


Luego de un acuerdo con el Peronismo, secretamente realizado entre John William Cooke y Rogelio Frigerio (secretarios privados de Perón y Frondizi, respectivamente), Arturo Frondizi allano el 65 porciento  del camino que lo conduciría a la presidencia del país.

Formalmente fue electo el 23 de febrero de 1958 y asumió como presidente el 1 de mayo del mismo año. Su perfil fue “desarrollista”, su lógica buscó cambiar la matriz productiva del país, para dejar de ser una nación agroexportador y convertirnos en un polo productivo industrial y con alto grado de desarrollo en materia hidrocarburífera. Su base de apoyo fue altamente heterogénea y su política de alianzas permitió juntar católicos, conservadores populares, radicales, sectores de izquierda y peronistas proscriptos, los últimos bajo la promesa de legalizar el peronismo, derogar los decretos proscriptivos y permitir que la principal fuerza política del país se reencontrara con las instituciones democráticas.
Parecía una novela de final feliz, pero los protagonistas se encargaron de demostrar lo contrario.

Si bien Frondizi avanzó fuertemente en medidas políticas de índole social: el 82% móvil automático para los jubilados, una ley de asociación sindicales de libre afiliación, que permitía crear sindicatos y que le daba al más representativo la personería gremial para la actividad, derogación del la “ley de residencia” de 1902, entre otras cosas, al no poder cerrar los frentes peronistas y castrenses, su gobiernos entró en el colapso.

Por un lado, los soldados de Perón recordaban a don Arturo su promesa pre electoral, mientas que las fuerzas armadas lo jaqueaban permanente para que continuará exceptuando al peronismo de la vida democrática e institucional. El tironeo no duró mucho y la balanza comenzó a desequilibrarse. Frondizi quería seguir gobernando y en ese sentido era más cara la promesa a Perón que la obediencia a los militares.

La situación se complejizo a punto tal que, los gremios que se sentían traicionados por el incumplimiento de la palabra empeñada, vieron tanto en eso, como en la ley de asociaciones sindicales y en factores económicos como la inflación y el “excesivo” ingreso de capital extranjero una provocación difícil de soportar.
 Las protestas fueron increcendo, al mismo ritmo que la represión. En tiempos de alta conflictividad Frondizi ideó el Plan Conintes (conmoción interna del estado) que permitió sacar a la calle a los militares, que gustosos de la revancha, no dudaron en reprimir duramente el Movimiento Obrero identificado con el General.

1962, no fue un año fácil para el país. Como todo año electoral, estuvo minado de situaciones que impidieron cualquier signo de relajación en la vida política del país. Los peronistas le habían encontrado la vuelta a la “proscripción” y armando partidos de carácter nacional y popular se presentaron a las elecciones [dato: así nace el Movimiento Popular Neuquino, nótese el uso de las siglas correspondientes al Movimiento Nacional Peronista o Justicialista ]. El 18 de marzo, día de las elecciones, fue todo a pedir de Perón. Se ganó ampliamente en más se seis distritos electorales, incluida la provincia de Buenos Aires, con el dirigente gremial Andrés Framini a la cabeza.
Los militares no se la bancaron y apretaron a Frondizi para que anulara el proceso electoral e interviniera las provincias en las que el neo-peronismo había ganado. Pero nada evitó el desenlace forzando.

El 29 de marzo de 1962 Frondizi fue destituido mediante un golpe de estado con rostro “institucional”, asumió como presidente provisional al Presidente del Senado, José María Guido. Tironeado por peronistas y militares, la presidencia de solemne “intransigente” fue carne de cañon de la inefable relación entre peronistas y militares. Nadie ganó en aquella oportunidad.

La república, había perdido una nueva batalla.


lunes, 26 de septiembre de 2011

La complejidad del campo nacional y popular


ELECCIONES EN NEUQUÉN CAPITAL

El frente del 12 de junio... hoy ya no es más que recuerdos.-

UN PUNTO DE PARTIDA

A poco menos de un mes de las elecciones en la ciudad capital de la provincia, el escenario político para el campo nacional y popular, es por lo menos desfavorable.
Luego de la derrota del 12 de junio, lo que se conoció como “Frente Neuquino” (que incorporaba fuerzas tan disimiles como UCR, PJ, UNE, MUN, PS y PRO) comenzó una larga agonía de ruptura que dejo al actual intendente Martín Farizano (ex líder de la oposición) en una situación electoral que lo pone más cerca de su casa que del sillón de la calle Roca.
Los otrora aliados del Intendente, se partieron básicamente en dos agrupamientos que hoy juegan como opositores de la gestión municipal: Une, quien logró la incorporación de PAN (Partido Autentico Neuquino) fuerza que lidera el conocido Herminio Cesár Balda; además del -Nac and Pop- PSOL (Partido Solidario) y el Frente y la Participación Neuquina, de Ramón Rioseco. Además, el Frente para la Victoria, no exento de disensos internos en el PJ, logró la incorporación del Frente Grande y del MUN, quienes suman candidatos a concejales en lista única de alianza. Por su parte, el Partido Socialista, haciendo gala de una singular cintura política, acompañará en octubre al Intendente Farizano en lista colectora, mientras que a nivel nacional con el FAP (Frente Amplio Progresista) llevara como candidatos a diputados nacionales a Eduardo Correa y Paula Sánchez.
Ahora, si esto quedará así, el escenario electoral no sería del todo desfavorable, ya que se podría presumir que las diversas listas se juegan al electoral lo que no pudieron acordar hacia adentro. Pero lamentablemente, para el campo progresista, la situación no es tan buena. Por otros lares, el rearmado de la derecha no ha dejado mella y se presentan en octubre con dos agrupamientos lo suficientemente sólidos como para polarizar una elección local: el MPN (Movimiento Popular Neuquino), que lleva a José Brillo, y el NCN (Nuevo Compromiso Neuquino) que lleva a Horacio “pechi” Quiroga, acompañado también por ARI-CC, como colectora.

¿DONDE ESTÁ EL KIRCHNERISMO?

Cualquiera podría presumir que se encuentra en el Frente para la Victoria liderado por Dario Martinez, quien además acompaña en el espectro a Albero Ciampini y Ofelia Cedola que serán los candidatos a Diputados Nacionales, hasta ahora, mejor posicionados después de las PASO de nuestra provincia. No obstante, surgen algunas dudas. Máxime si se considera el batifondo que quedo luego de la presentación de las listas en las fuerzas que integran el Frente.
Por su parte, el PJ (Partido Justicialista), no quedó del todo “unido”, ya que el agrupamiento “Peronismo Solidario” cerró listas consigo mismo, dejando afuera a otros espacios más vinculados con la gestión presidencial como son el “Movimiento Evita” e “Iniciativa Neuquina”. Cuestión que no le impidió realizar una buena estrategia de alianzas sumando a FG y MUN, aunque bajo el paraguas de un menemista como Ariel Kogan. Quizás, un precio demasiado caro para las fuerzas populares.
A su vez, Farizano que llama “nuestra Jefa” a la Presidenta de la Nación, no logró superar los escollos de las internas radicales que lo obligaros a excederse de los plazos legales locales, producto de la miopía política de Nestór Burgos, quien nuevamente obstaculiza los avances populares: ayer con la alianza de él y el converso Hugo Prieto, con el sobischismo en la Convención Constituyente de 2007 y ahora, evitando que las elecciones internas del Radicalismo se realizarán antes de que cierre el plazo de presentación de alianzas en la justicia electoral. Después, la declave, que hemos visto en todos los medios de comunicación.
Lo cierto, es que al igual que las elecciones del 12 de junio, el Kirchnerismo no ha logrado instalarse en el escenario local con la contundencia que lo ha hecho en otros distritos electorales. O no lo ha hecho desde el espacio de nosotros pretendemos. Ya que aquí es uno de los pocos lugares en la que la imagen de la Presidenta de la Nación no tracciona con posibilidades a ninguno de los candidatos que quieren identificarse con ella y ese 55,31% de votos recibidos (a nivel provincial) quedará disperso en la libre interpretación que el electorado pueda realizar en las urnas.

EN DEFINITIVA

Todo parece indicar, que el resultado electoral en la ciudad de Neuquén, no será el esperado para las fuerzas del nacionalismo popular. Los últimos datos relevados marcan una tendencia favorable para el ex intendente Horacio Quiroga, quien promedia los 30 puntos, seguido de cerca por el frio y siempre parco José Brillo, quien roza los 24 puntos.
Por su parte, los ex integrantes del Frente Neuquino, están todos por debajo de los 15 puntos. Aunque juntos superarían por lo menos a Brillo. Pero eso no es más que especulación política, ya que como decía el General “la única verdad es la realidad” y la cruda, lo que marca es que todo lo que se ha armado desde la municipalidad, no tendrá continuidad y sin dudas muchas de esas cosas, serán re direccionadas desde el programa de la derecha neoconservadora que más preocupada por los problemas de la ciudad en materia de habitación, trabajo y transporte, basa su obra de gobierno en la concreción de obras de vereda, arbolado público y cámaras de seguridad.