Mostrando entradas con la etiqueta Rusia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rusia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 12 de abril de 2017

DIÁLOGO ACERCA DE SIRIA

Todo bien

Miércoles de 09:30 a 12:30
Conducción: Diego Sarco
Co conducción: Majo Carrascal

Hoy con Diego Sarco, Majo Carrascal y Abel Rojas del programa "Todo Bien" de AM600 LU5 dialogamos sobre Siria.

El escenario es complicado.

¿Qué está pasando en Siria? nadie lo sabe, pero por lo menos tratamos de analizarlo.




Rusia se opone a abandonar a Asad y "dejar las manos libres a los terroristas"

 

© Sputnik/ Ilya Pitalev

MOSCÚ (Sputnik) — Rusia no puede dejar de respaldar al presidente sirio, Bashar Asad, ya que ello equivaldría a renunciar a la lucha contra el terrorismo en el país árabe, declaró el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov.

Peskov recodó que Asad es el presidente legítimo de Siria quien participa en la lucha contra los terroristas, que de momento ocupan una gran parte de Siria.

Por ello, los llamamientos a que "Rusia deje de respaldar a Asad, y de esta manera deje de apoyar sus esfuerzos en la lucha" contra el yihadismo equivalen a "dejar las manos libres a los terroristas para que continúen su ofensiva contra las autoridades legítimas de Siria", explicó..

"Calificamos de miope plantear la cuestión sobre la necesidad de distanciarnos de Asad", señaló Peskov.

Siria vive desde marzo de 2011 un conflicto armado que ha dejado entre 300.000 y 400.000 muertos, según datos de la ONU.

Las tropas gubernamentales se enfrentan a grupos armados de la oposición y a organizaciones terroristas, entre ellas Daesh (autodenominado Estado Islámico) y el Frente al Nusra, ambas proscritas en Rusia y otros países.

El 30 de septiembre de 2015 Rusia empezó a petición del presidente sirio, Bashar Asad, una ofensiva aérea para detener la expansión de los grupos yihadistas, y medio año después retiró el grueso de sus fuerzas al dar por cumplida su misión, aunque mantuvo la presencia militar en la base aérea de Hmeymim y en el puerto de Tartus.

Fuente: Agencia Sputnik


domingo, 19 de marzo de 2017

RECUPERAR EL TERRITORIO PERDIDO


Sobre finales de febrero Vladimir Putin realizó una gira de tremenda importancia política por el Asia Central. Durante tres días, el Presidente ruso tuvo una intensa agenda de trabajo en Tayikistán, Kazajistán y Kirguistán. Encuentros diplomáticos, reuniones a puertas cerradas y conferencias con la prensa especializada, fueron algunos de los tópicos comunes en cada país. Eso, y la reiterada referencia a la “estabilidad económica” y “cooperación militar”. La pregunta cae por su propio peso ¿qué busca Rusia en las ex Repúblicas Soviéticas de Asia?


Vladimir Putin y Almazbek Atambayev. República de Kirguistán.

Rusia es un país grande. Extremadamente grande. Al menos en lo territorial. Poblacionalmente es el país más grande de Europa, pero visto desde Asia, es menor que China y la India. En relación a los BRICS, es la economía más rica. Respecto de los Estados Unidos, la segunda potencia nuclear. Tiene bien ganado su lugar en el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y luego de su intervención en Siria, parece haberse convertido en el verdadero garante de la lucha contra el terrorismo. Sin embargo, nada de esto parece suficiente. Ahora busca retomar el “control” de los territorios abandonados.


“Cuando nos referimos a Asía Central hablamos, principalmente, del cordón de naciones que se encuentran entre el Suroeste ruso y el Oeste próximo de China. Kazajistán, Kirguistán, Turkmenistán, Uzbekistán y Tayikistán, además del sufijo que identifica sus procedencias1, comparten mucho entre sí: fueron el corazón de la ruta de la seda, el bastión de defensa sur de la URSS y hoy, uno de los principales reservorios de recursos naturales de Eurasía.”

“Luego de la caída del muro de Berlín, Rusia perdió el control de cuatro zonas de enorme capital geo-estratégico” dice Gabriel Merino, Sociólogo de la Universidad Nacional de la Plata. “Europa del Este, todo lo que va desde Ucrania a los países bálticos, el Ártico, el Cáucaso y Asía Central. Viéndose agredido por la OTAN y Estados Unidos desde la frontera Europea y teniendo la región del Cáucaso siempre inestable, no es de extrañar que Putin quiera empezar a recuperar áreas de influencia.”

En un mundo que reclama cada vez más alimentos, Asia Central produce enormes cantidades de avena, cebada, centeno y girasol. Es también una región de altísimo valor energético, posee notables reservas hidrocarburíferas y grandes centrales hidroeléctricas. Es decir, tiene agua, carbón, petróleo y gas. Todo los que los países en expansión precisan para consolidar su desarrollo. Incluso tienen oro, uranio y cobre. 


Éstos países modernos, devenidos en repúblicas independientes luego de la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) están unidos por una historia y religión común (el islám) que los regionaliza.

De acuerdo a los datos más recientes de la Unión Económica Euroasiática (UEE), una suerte de “mercoURSS” integrado por Rusia, Armenia, Kazajistán, Kirguistán y Bielorrusia, las repúblicas centro-asiáticas aportan en la mesa de intercambio un 14.6% de petróleo, un 16,6% de gas, un 5% de energía hidroeléctrica y un 6% de carbón. En términos sociales, este cordón depende mucho de los ciclos rusos. Año a año, miles de trabajadores de la región viajan al gigante euroasiático en busca de trabajo y remesas. A los ojos históricos son rusos, e integran el sexto de habitantes musulmanes que tuvo la URSS.

“La relación de Rusia con las ex repúblicas soviéticas, es principalmente una relación de orden vertical” dice Ariel Petruccelli, historiador de la Universidad Nacional del Comahue. “Hay una relación heredada desde el Imperio Ruso que parece volver a escena. El proyecto de la Gran Rusia, incluido el escudo hacia el sur es una disputa dormida desde la caída del muro. Pero que en el imaginario social ruso está siempre presente.”

No es de extrañar entonces que la “seguridad” y la “cooperación militar” que Putin planteó con sus pares tayiko, kazajo y kirguís, incluya la presencia y reguardo de las bases militares rusas en la región. Moscú argumenta que el avance de extremistas religiosos (leasé musulmanes sunníes) desde Afganistán y Pakistán, amenazan la seguridad nacional y justifican la presencia de las Fuerzas Armadas en la región. Bajo este argumento, las Repúblicas Centro-Asiáticas han heredado bases militares, algunas de ellas de alta “complejidad” y capacidad operativa, como las de Tayikistán y Kirguistán. Y las han mantenido, no sin resistencias.


En Tayikistán se encuentra la base 201 Rusia que Dusambé consiente como elemento a favor de su inclusión en la UEE. Kirguistán tiene una base militar rusa de 4 componentes (sismologico, áerea, naval y de entrenamiento)

La “estabilidad económica” de Putin, se entiende desde la lógica de la Unión Económica Euroasiática. Su discurso, ante los medios de los países que lo recibieron, estuvo plagado de compromisos de crecimiento, empleo y desarrollo. En países de alta desigualdad, “la generación de puestos de trabajo a partir de los beneficios del intercambio comercial” es visto como una panacea. El presidente ruso tiene ejemplos a la mano: “miren a Bielorrusia y Ucrania”, dice al periodismo en Kirguistán. El primero está en las filas de la UEE y crece. El otro no.

La “cooperación militar”, se vuelve un poco más compleja. Rusia no quiere desaparecer de la zona. Más allá de la presencia de elementos terroristas desde el sur, geopolíticamente, la jugada responde a un reposicionamiento a largo plazo. Moscú busca ampliar su área de influencia y ve en el repliegue de Trump una oportunidad para consolidarlo. Si occidente se “retira” y el recelo para con los chinos se mantiene, no hay otro jugador de peso que pueda ser contendiente en su estrategia.

Todo está por verse. 



1El sufijo “stan” significa “tierra de...”; así Kazajistán es la “tierra de los kazajos”, Kirguistán la “tierra de los kirguises”, etc.

martes, 28 de febrero de 2017

NUEVOS ACTORES... VIEJO CONFLICTO

El conflicto árabe-palestino-israelí, ha sido uno de los conflictos de mayor prolongación y debate durante el siglo XX. Algo que sin dudas, contrastó con la poca visibilidad que ha tenido en los últimos años, por un breve cambio de estrategia de las potencias centrales para con Medio Oriente.

La pregunta, tal vez del millón de dólares, tiene que ver con Donald Trump y cuanto puede modificar su administración, la política exterior de Estados Unidos, al menos en los términos en los que la heredó de Barack Obama (Y en relación al conflicto árabe-palestino-israelí).


CAMBIO DE ESTRATEGIA. MEDIO ORIENTE Y ASIA OCCIDENTAL.

La relación histórica entre los Estados Unidos e Israel, si bien no es reciente, tampoco es tan lejana como muchos creen. La conformación del Estado hebreo en el enclave medio-oriental conocido como "Palestina", se debió más a los intereses anglo-franceses que a la acción de la potencia septentrional americana, que por aquel entonces, aún no cosechaba los frutos de la debilidad europea de posguerra.

Sería recién promediando la década del cincuenta cuando Estados Unidos comenzaría a actuar en oriente próximo, bajo la lógica de co-existencia con Rusia y la división del mundo en áreas de influencia. Pese a lo tardío del arribo, a largo plazo, la alianza con el sionismo, en tanto nacionalismo judío, y más tarde con las monarquías sunníes, le dio resultados mucho mayores que los obtenidos por Rusia en torno al "panarabismo" de Siria y Egipto.

Este ascenso estadounidense en la tutela del Asía Menor y el Oriente Próximo, se vio luego consolidado diversas estrategias de hostigamiento para con la disidencia (religiosa y política), el ascenso de actores aliados como Turquía y la derrota de los rusos en Afganistán, que le laurearon recompensas por el apoyo a la resistencia afgana.

Dejando un poco de lado la historia y las diversas respuestas bélicas y políticas entre árabes y judíos (no menores en importancia, claro está), la fotografía más reciente de oriente próximo es la del último periodo de Barack Obama: ascenso del Estado Islámico en los territorios de Irak y Siria, avance contra yemeníes en la península arábiga y el acuerdo de "contención nuclear" con la República Islámica de Irán.

En ese nuevo contexto, el conflicto árabe-palestino-israelí pasó a un notorio segundo plano, cuestión oportunamente aprovechada por la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y el gobierno de Mahmud Abbas, para granjearse éxitos diplomáticos sorprendentes, entre ellos: el reconocimiento de Palestina como "Estado Observador no miembro" de la Organización de Naciones Unidas (ONU), reconocimiento como “Estado” por parte del Vaticano (aunque de menor impacto internacional) y en diciembre pasado las notables sanciones que impuso el Consejo de Seguridad de la ONU a Israel por la permanente colonización de tierras palestinas y el sometimiento de la población en territorios ocupados.

Benjamin Netanyahu y Donal Trump - Rueda de Prensa - EE.UU febrero 2017.
 
¿NUEVO CAMBIO? EL ARRIBO DE DONALD TRUMP

Mucho se ha hablado de la capacidad (o no) de Donald Trump para torcer directrices (¿consolidadas?) de la política y el comercio exterior de los Estados Unidos. En principio, habiendo pasado muy poco tiempo desde su asunción, lo atinente al comercio exterior y acuerdos mega-regionales, la enemistad con Rusia y la posición hacía Cuba han tenido un cambio significativo. Medio Oriente, todavía en el horizonte del nuevo presidente, permanece bajo un manto de incertidumbre.

Si uno se guiara por lo primeros gestos, el panorama a simple vista, parece complicarse. La designación de David Friedman como embajador norteamericano en Israel ha despertado el rechazo tanto de árabes, como de judíos progresistas que piden al Senado no aprobar la designación.
Friedman, abogado especializado en quiebras, que es un defensor del Estado de Israel y las incursiones en territorios ocupados, ha anunciado su intención de trasladar la Embajada a Jerusalén, la "capital indivisa del pueblo judío" declarada así, por el propio Estado de Israel, en 1980. Anuncio que ha generado un cimbronazo tremendo en la comunidad internacional.

En ese sentido, no está de más recordar que la Resolución 478, del 20 de agosto de 1980, declaró nula la declaración del parlamento judío (Knéset). Por lo que en la actualidad, las embajadas están radicadas en Tel Aviv en consonancia con los reparos y sugerencias interpuestos en el Consejo de Seguridad de la ONU de aquel entonces.

Ahora bien... ¿qué nivel de empatía existe verdaderamente entre Trump y Netanyahu?

Dario Teitelbaum, dirigente de la izquierda israelí Meretz, sostiene que "las muestras de aprecio mutuo son inequívocas. No solo por sus vinculaciones personales sino también porque ambos se necesitan. Formalmente, están planteando una política de `win-win´ [victoria para ambos], pero pese a eso, hay sectores israelíes que se sienten desilusionados... esperaban un poco más que lo que Trump está dando. Aún así, -sostiene Teitelbaum- ésta relación es mejor que la que había con Obama".

En otro sentido se expresa el intelectual Julián Schvindlerman, miembro de la comunidad judía argentina e ideológicamente cercano al Premier Israelí. Para él "hay más sintonía entre estos dos presidentes que la que hubo con Barack Obama" y que en los asuntos centrales "hay una fuerte comunión ideológica entre ambos [por Trump y Netanyahu]." Respecto a los cambios en política exterior, Schvindlerman entiende que "si bien puede haber tribulaciones a corto plazo, lo que se está produciendo es un cambio de paradigma hacía Medio Oriente, ya que lo que se llamó `acuerdo de paz´ [por el acuerdo de Oslo en 1993] no ha generado si no guerra y muerte hacía el pueblo judío".

En otra línea de análisis se encuentra Carlos Aznárez, director de "Resumen Latinoaméricano" y destacado activista pro-Palestina. Para él "Estados Unidos e Israel más allá de quien gobierne tienen acuerdos sellados, lacrados, que no van a romperse. El lobby sionista tiene muy controlado al gobierno de los Estados Unidos y eso dificulta cualquier avance a favor de los palestinos." Respecto de Donald Trump, Aznarez es enfático, lo califica como "absolutamente provocador" y señala que su ascenso y protección hacía Israel "tensará aún más el conflicto, incluso en contra de sus otros aliados regionales."

SOLUCIONES AL CONFLICTO ¿UNO O DOS ESTADOS?.

Otro tema completamente distinto es si las cercanías evidentes e inequívocas entre Trump y Netanyahu, garantizan un avance en materia de solución al conflicto. Más en un año como este, en el que se cumple el cincuenta aniversario de la ocupación israelí en Gaza y Cisjordania. En ese sentido, la visita de Netanyahu a su par norteaméricano, en febrero de este año, ha reavivado las posiciones al respecto.

Donald Trump habla de "nuevos acuerdos regionales" que contengan un acuerdo de partes y por otro lado, los árabes sostienen que "si EE.UU quiere realmente la paz, tiene que forzarla sobre Israel y no sobre Palestina", de acuerdo a las declaraciones del diputado de la Lista Árabe Conjunta en la Knéset, Ayman Odeh, a la televisión Libanesa realizadas también en febrero.

La creación de los "dos Estados para los dos Pueblos"; algo que pudo ser un horizonte de continuidad a Oslo, parece estar bastante más lejana que en otros tiempos.

Para Teitelbaum, cualquier instancia de negociación, para tener visos de posibilidad, debe contener cuatro puntos claves e indispensables de acuerdo. "El primero -dice- es volver a los límites territoriales del `67´ con referencias claras e inviolables. El segundo, es la desmilitarización de la ANP y los territorios palestinos. El tercero, una definición respecto del agua y la electricidad y el cuarto, de qué forma se administrará Jerusalén". El dirigente de Meretz insiste que "la negociación no será fácil, ya que la opinión pública israelí tiene una posición muy dura respecto de los palestinos" pero no descarta que se puedan encontrar acuerdos intermedios.

Respecto las partes integrantes de una eventual nueva negociación, Schvindlerman entiende que "el diálogo es regional" y que si bien es posible avanzar en negociaciones, "la presencia de muchos actores dificulta la posibilidad de un acuerdo". De igual modo, pone en la mesa la presencia de Rusia "un país con pretensiones de participación" y los desacuerdos respecto de Irán que puede gravitar fuertemente en el entendimiento entre Estados Unidos e Israel.

Más lejana ve la posibilidad de acuerdos el Director de Resumen Latinoamericano quien señala que "aunque loable como objetivo, es imposible la solución de dos Estados" y agrega que "el odio, la injuría, el maltrato, la muerte vertida por el sionismo sobre el pueblo palestino, han dejado heridas que no serán zanjadas por una mesa de negociación. Además - se pregunta - ¿quién hablará en nombre del pueblo palestino?". Para Aznarez, Mahmud Abbas, Presidente de la ANP, "no cuenta ni con el apoyo ni con la legitimidad para sentarse en una negociación de ese tenor."

EN FIN

Difícil resulta trazar un análisis claro en un conflicto complejizado por el paso del tiempo, los mutuos desacuerdos/deslealtades, las presiones de los enemigos internos a cada facción (tanto israelí como palestina), entre tantas otras variables de peso.

No obstante esta dificultad, hay algunas cuestiones que inquietan, al menos ante posibles negociaciones: en su carácter ¿será de partes o estará tutelada por actores internacionales?; respecto a su alcance ¿será local, es decir solo árabe-palestino-israelí o regional, incluyendo las pretensiones de otros actores internacionales?. Por último, pero no menos importante, está el factor interno, toda negociación implica cesión ¿cuánto está cada parte dispuesta a dejar de lado para alcanzar un acuerdo duradero y posible de respetar, no sólo por los gobiernos, sino también por la opinión pública?.

Aquí la cosa se vuelve más gris. Y el espejo más reciente es la fallida cumbre realizada en Jordania en marzo de 2016. Allí Estados Unidos, Egipto, Israel y el país anfitrión trataron de avanzar en acuerdos de paz. Nada pasó. Al menos, nada que haya cambiado favorablemente el escenario. El ofrecimiento consistía en reconocer el Estado Judío a cambio de reabrir negociaciones con los palestinos con apoyo de países árabes. Natanyahu rechazó la propuesta, aduciendo que no pasaría el filtro de sus aliados de gobierno.

Otra oportunidad que se va… mientras la paloma blanca de Gefen (poeta israelí) sigue envejeciendo, con una rama de olivo cada vez más seca en su pico.


Jorge Alvarez

sábado, 18 de febrero de 2017

EL ETERNO RESPLANDOR DE UN CONFLICTO SIN MEMORIA

Largo y desgarrador, el conflicto sirio es uno de los eventos más significativos de los tiempos que corren. De acuerdo a informes tomados del Observatorio Sirio de Derechos Humanos, los cinco años de guerra se han cobrado más de 400mil vidas, y ha forzado el éxodo de casi 5 millones de personas. 

 

Mevlüt Mert Altintas luego de disparar contra Andréi Kárlov.

Difícil es saber a qué responde un conflicto de semejantes características. Tan difícil, quizás, cómo entender porqué un país relativamente estable y alejado de las "revueltas árabes" termino siendo victima de una guerra tan prolongada. En retrospectiva, hay analistas señalan que si bien el descontento contra Bashar al-Ásad se hizo evidente en algunos segmentos sociales, lejos estaban estos de ser sustrato suficiente para un conflicto de mayores dimensiones. Incluso, hay quienes dudan de la capacidad de articulación (sin apoyo externo) de los sectores presentados como rebeldes moderados por la prensa internacional.

A esa corriente suscribe Alcira Trincheri, docente de la Universidad Nacional del Comahue y especialista en el mundo árabe. Para Trincheri, los orígenes del conflicto pueden identificarse en tres ejes, pero de distinto orden. El primero "en la evidente disconformidad con Bashar al-Ásad, gobernante de dudoso perfil democrático y poco propenso a convocatoria de elecciones. El segundo, claro, en el accionar de las potencias extranjeras dentro de Siria, y en tercer lugar en el cambio climático. De hecho - señala la especialista- las protestas de Deraa [sur del país], se originaron por el escaso rendimiento en la producción de alimentos que fue consecuencia directa de sequías adjudicables a ese fenómeno de carácter mundial".

Ahora, ¿como es posible que el descontento "social" derive en una guerra civil de cinco años de duración? Carlos Pereyra Mele, analista político y miembro del Centro de Estudios Estratégicos Sudamericanos, indica que a su criterio, “no es posible transformar el descontento en guerra, sin contar con tres factores fundamentales. En principio, `dinero´ para financiar las acciones de supuestos grupos políticos a los que sin dudas se los puede caracterizar como mercenarios. Luego `inteligencia´, para tener capacidad de despliegue territorial y de operatoria dentro y fuera de los territorios en crisis. Y por último `armamento´ factor clave para la consolidación de actores reclutados, entrenados y dirigidos, en este caso, por las monarquías árabes y las potencias centrales, con Estados Unidos a la cabeza, para la desestabilización de Siria".

Es decir, la conformación de grupos radicales armados de orden Sunní (sector mayoritario en el credo islámico) y su propagación en el territorio, no puede desentenderse de una disputa de orden regional. Siria, en tanto República Árabe alineada al campo Chií (sector minoritario en el islam) e históricamente divorciada de los intereses de Estados Unidos (y aliados regionales como Israel), no podía ser sino un escollo en los intereses políticos y económicos "centrales".

DE LA GUERRA

2016 fue un año ceñido de rupturas en el devenir de la Guerra en Siria. En principio, por el accionar de los aliados del gobierno de al-Ásad quienes pudieron consolidar un bloque de acción que evitó, al menos en primera instancia, el despliegue del plan estratégico de Estados Unidos: es decir, la partición del territorio Sirio y la balcanización del conflicto en el campo de los leales al gobierno. Otro punto culmine, quizás el más álgido, fue la recuperación de Alepo (segunda ciudad en importancia política y económica en Siria) que puede ser leída en clave de avance sobre el terrorismo islámico, pero también como victoria estratégica del Ejército Sirio, las milicias Chiíes de Hezbolah, Irán y, fundamentalmente, de la mano militar rusa.

Así lo ve también Pereyra Mele que ha calificado a Alepo "como el Stalingrado de las potencias centrales bajo el mando de Estados Unidos.” Quien además señala que “en los días previos al avance final sobre la ciudad, los medios occidentales no dejaron de difundir flagrantes violaciones a los derechos humanos por parte del gobierno Sirio, bombardeos salvajes y una profunda crisis humanitaria. Ahora bien, luego de la recuperación, Alepo desapareció de los medios, no solo por el impacto de la derrota de los grupos terroristas, sino también porque no se logró evacuar mercenarios a las ordenes de Estados Unidos, Arabia Saudita y Turquía a través de los famosos cordones humanitarios que se proponían.”

"Hasta la perdida de una batalla por un ejército puede ser contrapesada no sólo por la victoria obtenida en una batalla más importante, sino que podría ser transformada en acontecimiento afortunado. Nadie puede dudar de esto; [...] el peso de cada victoria [...] es tanto más independiente cuánto más importante es la parte conquistada" decía Karl von Clausewitz en su tratado "De la guerra".

Alepo, su recuperación como bastión estratégico y el obligado repliegue táctico del terrorismo, fueron elementos de incontrastable gravitación en el desenlace de los acontecimientos finales del conflicto. De hecho, pese a la toma de Palmira y la presencia yihadista en Al Raqqa (dos ciudades sirias importantes), no hubo eventos que pudieran obstaculizar el avance del Ejercito Sirio (y aliados) en la reconquista del territorio, así como tampoco existieron elementos que impidieran el avance de las negociaciones que plasmaron, el pasado 30 de diciembre, una tregua hasta que las misiones diplomáticas fijaran mecanismos de supervisión del “alto al fuego”, como base para la concreción de acuerdos políticos futuros.

PAX SIRIA

Astaná, la capital de Kazajistán, fue la ciudad elegida para el primer Encuentro de Paz, realizado el pasado 23 y 24 de enero. Allí la diplomacia rusa, iraní y turca se encontraron cara a cara para avanzar en negociaciones ya de orden político. No habiendo sido suficiente el primer paso, debió repetirse el encuentro el pasado 16 de febrero, esta vez, con la incorporación de Jordania y Estados Unidos como observadores del proceso de paz.

Si bien las dos reuniones han mantenido gran parte de las discusiones, algunos datos, aunque generales, trascendieron. Por ejemplo, se supo que en la primera de las reuniones Rusia propuso una nueva constitución para Siria y que en la segunda, Irán ratificó que ningún acuerdo será posible, si se atenta contra la integridad territorial siria, la soberanía del país árabe y su legítimo gobierno. En otras palabras, ninguna solución puede dejar afuera a Bashar al-Ásad.

No obstante esto, la incertidumbre todavía tiñe el horizonte medio oriental. La posibilidad de acuerdos efectivos y sostenibles en el tiempo, sigue siendo materia de análisis.

"El dato clave para entender las negociaciones de Astaná, es que son negociaciones sostenidas por actores regionales, con intereses en pugna, pero sin Estados Unidos de por medio" afirma el sociólogo y analista internacional Gabriel Merino. "Lo que estamos viendo -continúa- es la cristalización de una nueva correlación de fuerzas donde el influjo ruso-iraní, ha logrado prevalecer sobre los intereses de Turquía que, a pesar de mantener lazos con los rebeldes, tuvo que sentarse en una misma mesa para acordar puntos en común sobre la situación siria con otros actores con los que esta visiblemente enfrentada."

En el mismo sentido, Merino señala que "el bloque globalista-anglosajón ha visto debilitada su estrategia para medio oriente con el ascenso de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos" y que la puja de intereses "entre los neoconservadores y globalistas de viejo cuño, marcarán el ritmo de las definiciones de acuerdo hacía donde se incline la balanza en temas clave como coordinación posible con Rusia y política hacía Irán.”

¿SEÑALES DE QUÉ?

Más allá de las expectativas abiertas en las negociaciones de Astaná y el intento de ONU y Estados Unidos por amparar diálogos en Ginebra, la duda respecto de la continuidad del conflicto o su definitiva clausura divide la opinión de los especialistas.

Gabriel Merino, considera que "la guerra en Siria continuará, al menos hasta que se recuperen las ciudades de Palmira y al Raqqa, todavía en manos del terrorismo islámico." Y señala que "no hay que dejar de prestar atención al norte de Siria, donde Kurdos, no alineados pero si en acuerdo con Estados Unidos, tienen una posición independiente respecto de Bashar al-Ásad y Turquía".

En otro sentido, Carlos Pereyra Mele sostiene que "la guerra está definida, sobre todo por el efecto Alepo” y que lo que “la nueva administración de Estados Unidos debe definir, es como sale de la situación, sin pagar consecuencias que sean demasiado costosas en términos políticos". Apuntala Pereyra Mele en esa línea, que “las tensiones entre el CIA y el Pentágono (uno generando caos ordenado y el otro mandando tropas para detener los conflictos) será gravitante en la prosecución de los acuerdos de paz.”

Menos optimista se muestra la historiadora Alcira Trincheri, para quien "la nueva administración norteamericana, al estilo clásico de los gobiernos republicanos, fortalecerá la intervención militar en el conflicto” y en esa línea debe entenderse el anuncio realizado por el Departamento de Estado “de eventual envío de tropas regulares a territorio sirio."

En definitiva, volviendo al Clausewitz que entendía "la guerra como la continuidad de la política pero por medios más violentos" el retorno de la política al convulsionado campo sirio, no parece corresponderse con el final de los enfrentamientos.

Ahora bien, ¿es lo mismo terminar la guerra que alcanzar la paz? Solo el tiempo podrá ilustrarlo.