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viernes, 2 de junio de 2017

COLUMNA INTERNACIONAL - POR SOBRADOS MOTIVOS

Casi se me va la semana sin compartir las salidas de esta semana en "Por Sobrados Motivos" matutino de José Luis Aranda y Fabián Polizzo en la 95.1mhz "FM Classic".

LUNES 29 DE MAYO


Foro Mundial de la Ruta y el Cinturón de la Seda: ¿nueva geopolítica?




VIERNES 2 DE JUNIO

  

Estados Unidos sale del "Acuerdo de París" : ¿se calienta el mundo?


lunes, 22 de mayo de 2017

COLUMNA INTERNACIONAL: POR SOBRADOS MOTIVOS

Columna semanal en "Por sobrados Motivos". En esta salida:



Repasamos los acontecimientos internacionales que están marcando agenda:

I. Victoria de Hassan Rohaini en Irán
II. Victoria de Pedro Sanchez en el PSOE.
III. Donald Trump en Israel/Palestina y Arabia Saudita.
La columna sale los lunes y viernes luego de las 11hs por la 95.1mhz FM Classic y Señal Neuquina.

Todos los lunes y viernes a las 11hs por FM Classic 95.1mhz Neuquén y Centenario.

miércoles, 12 de abril de 2017

DIÁLOGO ACERCA DE SIRIA

Todo bien

Miércoles de 09:30 a 12:30
Conducción: Diego Sarco
Co conducción: Majo Carrascal

Hoy con Diego Sarco, Majo Carrascal y Abel Rojas del programa "Todo Bien" de AM600 LU5 dialogamos sobre Siria.

El escenario es complicado.

¿Qué está pasando en Siria? nadie lo sabe, pero por lo menos tratamos de analizarlo.




Rusia se opone a abandonar a Asad y "dejar las manos libres a los terroristas"

 

© Sputnik/ Ilya Pitalev

MOSCÚ (Sputnik) — Rusia no puede dejar de respaldar al presidente sirio, Bashar Asad, ya que ello equivaldría a renunciar a la lucha contra el terrorismo en el país árabe, declaró el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov.

Peskov recodó que Asad es el presidente legítimo de Siria quien participa en la lucha contra los terroristas, que de momento ocupan una gran parte de Siria.

Por ello, los llamamientos a que "Rusia deje de respaldar a Asad, y de esta manera deje de apoyar sus esfuerzos en la lucha" contra el yihadismo equivalen a "dejar las manos libres a los terroristas para que continúen su ofensiva contra las autoridades legítimas de Siria", explicó..

"Calificamos de miope plantear la cuestión sobre la necesidad de distanciarnos de Asad", señaló Peskov.

Siria vive desde marzo de 2011 un conflicto armado que ha dejado entre 300.000 y 400.000 muertos, según datos de la ONU.

Las tropas gubernamentales se enfrentan a grupos armados de la oposición y a organizaciones terroristas, entre ellas Daesh (autodenominado Estado Islámico) y el Frente al Nusra, ambas proscritas en Rusia y otros países.

El 30 de septiembre de 2015 Rusia empezó a petición del presidente sirio, Bashar Asad, una ofensiva aérea para detener la expansión de los grupos yihadistas, y medio año después retiró el grueso de sus fuerzas al dar por cumplida su misión, aunque mantuvo la presencia militar en la base aérea de Hmeymim y en el puerto de Tartus.

Fuente: Agencia Sputnik


domingo, 19 de marzo de 2017

RECUPERAR EL TERRITORIO PERDIDO


Sobre finales de febrero Vladimir Putin realizó una gira de tremenda importancia política por el Asia Central. Durante tres días, el Presidente ruso tuvo una intensa agenda de trabajo en Tayikistán, Kazajistán y Kirguistán. Encuentros diplomáticos, reuniones a puertas cerradas y conferencias con la prensa especializada, fueron algunos de los tópicos comunes en cada país. Eso, y la reiterada referencia a la “estabilidad económica” y “cooperación militar”. La pregunta cae por su propio peso ¿qué busca Rusia en las ex Repúblicas Soviéticas de Asia?


Vladimir Putin y Almazbek Atambayev. República de Kirguistán.

Rusia es un país grande. Extremadamente grande. Al menos en lo territorial. Poblacionalmente es el país más grande de Europa, pero visto desde Asia, es menor que China y la India. En relación a los BRICS, es la economía más rica. Respecto de los Estados Unidos, la segunda potencia nuclear. Tiene bien ganado su lugar en el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU) y luego de su intervención en Siria, parece haberse convertido en el verdadero garante de la lucha contra el terrorismo. Sin embargo, nada de esto parece suficiente. Ahora busca retomar el “control” de los territorios abandonados.


“Cuando nos referimos a Asía Central hablamos, principalmente, del cordón de naciones que se encuentran entre el Suroeste ruso y el Oeste próximo de China. Kazajistán, Kirguistán, Turkmenistán, Uzbekistán y Tayikistán, además del sufijo que identifica sus procedencias1, comparten mucho entre sí: fueron el corazón de la ruta de la seda, el bastión de defensa sur de la URSS y hoy, uno de los principales reservorios de recursos naturales de Eurasía.”

“Luego de la caída del muro de Berlín, Rusia perdió el control de cuatro zonas de enorme capital geo-estratégico” dice Gabriel Merino, Sociólogo de la Universidad Nacional de la Plata. “Europa del Este, todo lo que va desde Ucrania a los países bálticos, el Ártico, el Cáucaso y Asía Central. Viéndose agredido por la OTAN y Estados Unidos desde la frontera Europea y teniendo la región del Cáucaso siempre inestable, no es de extrañar que Putin quiera empezar a recuperar áreas de influencia.”

En un mundo que reclama cada vez más alimentos, Asia Central produce enormes cantidades de avena, cebada, centeno y girasol. Es también una región de altísimo valor energético, posee notables reservas hidrocarburíferas y grandes centrales hidroeléctricas. Es decir, tiene agua, carbón, petróleo y gas. Todo los que los países en expansión precisan para consolidar su desarrollo. Incluso tienen oro, uranio y cobre. 


Éstos países modernos, devenidos en repúblicas independientes luego de la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) están unidos por una historia y religión común (el islám) que los regionaliza.

De acuerdo a los datos más recientes de la Unión Económica Euroasiática (UEE), una suerte de “mercoURSS” integrado por Rusia, Armenia, Kazajistán, Kirguistán y Bielorrusia, las repúblicas centro-asiáticas aportan en la mesa de intercambio un 14.6% de petróleo, un 16,6% de gas, un 5% de energía hidroeléctrica y un 6% de carbón. En términos sociales, este cordón depende mucho de los ciclos rusos. Año a año, miles de trabajadores de la región viajan al gigante euroasiático en busca de trabajo y remesas. A los ojos históricos son rusos, e integran el sexto de habitantes musulmanes que tuvo la URSS.

“La relación de Rusia con las ex repúblicas soviéticas, es principalmente una relación de orden vertical” dice Ariel Petruccelli, historiador de la Universidad Nacional del Comahue. “Hay una relación heredada desde el Imperio Ruso que parece volver a escena. El proyecto de la Gran Rusia, incluido el escudo hacia el sur es una disputa dormida desde la caída del muro. Pero que en el imaginario social ruso está siempre presente.”

No es de extrañar entonces que la “seguridad” y la “cooperación militar” que Putin planteó con sus pares tayiko, kazajo y kirguís, incluya la presencia y reguardo de las bases militares rusas en la región. Moscú argumenta que el avance de extremistas religiosos (leasé musulmanes sunníes) desde Afganistán y Pakistán, amenazan la seguridad nacional y justifican la presencia de las Fuerzas Armadas en la región. Bajo este argumento, las Repúblicas Centro-Asiáticas han heredado bases militares, algunas de ellas de alta “complejidad” y capacidad operativa, como las de Tayikistán y Kirguistán. Y las han mantenido, no sin resistencias.


En Tayikistán se encuentra la base 201 Rusia que Dusambé consiente como elemento a favor de su inclusión en la UEE. Kirguistán tiene una base militar rusa de 4 componentes (sismologico, áerea, naval y de entrenamiento)

La “estabilidad económica” de Putin, se entiende desde la lógica de la Unión Económica Euroasiática. Su discurso, ante los medios de los países que lo recibieron, estuvo plagado de compromisos de crecimiento, empleo y desarrollo. En países de alta desigualdad, “la generación de puestos de trabajo a partir de los beneficios del intercambio comercial” es visto como una panacea. El presidente ruso tiene ejemplos a la mano: “miren a Bielorrusia y Ucrania”, dice al periodismo en Kirguistán. El primero está en las filas de la UEE y crece. El otro no.

La “cooperación militar”, se vuelve un poco más compleja. Rusia no quiere desaparecer de la zona. Más allá de la presencia de elementos terroristas desde el sur, geopolíticamente, la jugada responde a un reposicionamiento a largo plazo. Moscú busca ampliar su área de influencia y ve en el repliegue de Trump una oportunidad para consolidarlo. Si occidente se “retira” y el recelo para con los chinos se mantiene, no hay otro jugador de peso que pueda ser contendiente en su estrategia.

Todo está por verse. 



1El sufijo “stan” significa “tierra de...”; así Kazajistán es la “tierra de los kazajos”, Kirguistán la “tierra de los kirguises”, etc.

martes, 28 de febrero de 2017

NUEVOS ACTORES... VIEJO CONFLICTO

El conflicto árabe-palestino-israelí, ha sido uno de los conflictos de mayor prolongación y debate durante el siglo XX. Algo que sin dudas, contrastó con la poca visibilidad que ha tenido en los últimos años, por un breve cambio de estrategia de las potencias centrales para con Medio Oriente.

La pregunta, tal vez del millón de dólares, tiene que ver con Donald Trump y cuanto puede modificar su administración, la política exterior de Estados Unidos, al menos en los términos en los que la heredó de Barack Obama (Y en relación al conflicto árabe-palestino-israelí).


CAMBIO DE ESTRATEGIA. MEDIO ORIENTE Y ASIA OCCIDENTAL.

La relación histórica entre los Estados Unidos e Israel, si bien no es reciente, tampoco es tan lejana como muchos creen. La conformación del Estado hebreo en el enclave medio-oriental conocido como "Palestina", se debió más a los intereses anglo-franceses que a la acción de la potencia septentrional americana, que por aquel entonces, aún no cosechaba los frutos de la debilidad europea de posguerra.

Sería recién promediando la década del cincuenta cuando Estados Unidos comenzaría a actuar en oriente próximo, bajo la lógica de co-existencia con Rusia y la división del mundo en áreas de influencia. Pese a lo tardío del arribo, a largo plazo, la alianza con el sionismo, en tanto nacionalismo judío, y más tarde con las monarquías sunníes, le dio resultados mucho mayores que los obtenidos por Rusia en torno al "panarabismo" de Siria y Egipto.

Este ascenso estadounidense en la tutela del Asía Menor y el Oriente Próximo, se vio luego consolidado diversas estrategias de hostigamiento para con la disidencia (religiosa y política), el ascenso de actores aliados como Turquía y la derrota de los rusos en Afganistán, que le laurearon recompensas por el apoyo a la resistencia afgana.

Dejando un poco de lado la historia y las diversas respuestas bélicas y políticas entre árabes y judíos (no menores en importancia, claro está), la fotografía más reciente de oriente próximo es la del último periodo de Barack Obama: ascenso del Estado Islámico en los territorios de Irak y Siria, avance contra yemeníes en la península arábiga y el acuerdo de "contención nuclear" con la República Islámica de Irán.

En ese nuevo contexto, el conflicto árabe-palestino-israelí pasó a un notorio segundo plano, cuestión oportunamente aprovechada por la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y el gobierno de Mahmud Abbas, para granjearse éxitos diplomáticos sorprendentes, entre ellos: el reconocimiento de Palestina como "Estado Observador no miembro" de la Organización de Naciones Unidas (ONU), reconocimiento como “Estado” por parte del Vaticano (aunque de menor impacto internacional) y en diciembre pasado las notables sanciones que impuso el Consejo de Seguridad de la ONU a Israel por la permanente colonización de tierras palestinas y el sometimiento de la población en territorios ocupados.

Benjamin Netanyahu y Donal Trump - Rueda de Prensa - EE.UU febrero 2017.
 
¿NUEVO CAMBIO? EL ARRIBO DE DONALD TRUMP

Mucho se ha hablado de la capacidad (o no) de Donald Trump para torcer directrices (¿consolidadas?) de la política y el comercio exterior de los Estados Unidos. En principio, habiendo pasado muy poco tiempo desde su asunción, lo atinente al comercio exterior y acuerdos mega-regionales, la enemistad con Rusia y la posición hacía Cuba han tenido un cambio significativo. Medio Oriente, todavía en el horizonte del nuevo presidente, permanece bajo un manto de incertidumbre.

Si uno se guiara por lo primeros gestos, el panorama a simple vista, parece complicarse. La designación de David Friedman como embajador norteamericano en Israel ha despertado el rechazo tanto de árabes, como de judíos progresistas que piden al Senado no aprobar la designación.
Friedman, abogado especializado en quiebras, que es un defensor del Estado de Israel y las incursiones en territorios ocupados, ha anunciado su intención de trasladar la Embajada a Jerusalén, la "capital indivisa del pueblo judío" declarada así, por el propio Estado de Israel, en 1980. Anuncio que ha generado un cimbronazo tremendo en la comunidad internacional.

En ese sentido, no está de más recordar que la Resolución 478, del 20 de agosto de 1980, declaró nula la declaración del parlamento judío (Knéset). Por lo que en la actualidad, las embajadas están radicadas en Tel Aviv en consonancia con los reparos y sugerencias interpuestos en el Consejo de Seguridad de la ONU de aquel entonces.

Ahora bien... ¿qué nivel de empatía existe verdaderamente entre Trump y Netanyahu?

Dario Teitelbaum, dirigente de la izquierda israelí Meretz, sostiene que "las muestras de aprecio mutuo son inequívocas. No solo por sus vinculaciones personales sino también porque ambos se necesitan. Formalmente, están planteando una política de `win-win´ [victoria para ambos], pero pese a eso, hay sectores israelíes que se sienten desilusionados... esperaban un poco más que lo que Trump está dando. Aún así, -sostiene Teitelbaum- ésta relación es mejor que la que había con Obama".

En otro sentido se expresa el intelectual Julián Schvindlerman, miembro de la comunidad judía argentina e ideológicamente cercano al Premier Israelí. Para él "hay más sintonía entre estos dos presidentes que la que hubo con Barack Obama" y que en los asuntos centrales "hay una fuerte comunión ideológica entre ambos [por Trump y Netanyahu]." Respecto a los cambios en política exterior, Schvindlerman entiende que "si bien puede haber tribulaciones a corto plazo, lo que se está produciendo es un cambio de paradigma hacía Medio Oriente, ya que lo que se llamó `acuerdo de paz´ [por el acuerdo de Oslo en 1993] no ha generado si no guerra y muerte hacía el pueblo judío".

En otra línea de análisis se encuentra Carlos Aznárez, director de "Resumen Latinoaméricano" y destacado activista pro-Palestina. Para él "Estados Unidos e Israel más allá de quien gobierne tienen acuerdos sellados, lacrados, que no van a romperse. El lobby sionista tiene muy controlado al gobierno de los Estados Unidos y eso dificulta cualquier avance a favor de los palestinos." Respecto de Donald Trump, Aznarez es enfático, lo califica como "absolutamente provocador" y señala que su ascenso y protección hacía Israel "tensará aún más el conflicto, incluso en contra de sus otros aliados regionales."

SOLUCIONES AL CONFLICTO ¿UNO O DOS ESTADOS?.

Otro tema completamente distinto es si las cercanías evidentes e inequívocas entre Trump y Netanyahu, garantizan un avance en materia de solución al conflicto. Más en un año como este, en el que se cumple el cincuenta aniversario de la ocupación israelí en Gaza y Cisjordania. En ese sentido, la visita de Netanyahu a su par norteaméricano, en febrero de este año, ha reavivado las posiciones al respecto.

Donald Trump habla de "nuevos acuerdos regionales" que contengan un acuerdo de partes y por otro lado, los árabes sostienen que "si EE.UU quiere realmente la paz, tiene que forzarla sobre Israel y no sobre Palestina", de acuerdo a las declaraciones del diputado de la Lista Árabe Conjunta en la Knéset, Ayman Odeh, a la televisión Libanesa realizadas también en febrero.

La creación de los "dos Estados para los dos Pueblos"; algo que pudo ser un horizonte de continuidad a Oslo, parece estar bastante más lejana que en otros tiempos.

Para Teitelbaum, cualquier instancia de negociación, para tener visos de posibilidad, debe contener cuatro puntos claves e indispensables de acuerdo. "El primero -dice- es volver a los límites territoriales del `67´ con referencias claras e inviolables. El segundo, es la desmilitarización de la ANP y los territorios palestinos. El tercero, una definición respecto del agua y la electricidad y el cuarto, de qué forma se administrará Jerusalén". El dirigente de Meretz insiste que "la negociación no será fácil, ya que la opinión pública israelí tiene una posición muy dura respecto de los palestinos" pero no descarta que se puedan encontrar acuerdos intermedios.

Respecto las partes integrantes de una eventual nueva negociación, Schvindlerman entiende que "el diálogo es regional" y que si bien es posible avanzar en negociaciones, "la presencia de muchos actores dificulta la posibilidad de un acuerdo". De igual modo, pone en la mesa la presencia de Rusia "un país con pretensiones de participación" y los desacuerdos respecto de Irán que puede gravitar fuertemente en el entendimiento entre Estados Unidos e Israel.

Más lejana ve la posibilidad de acuerdos el Director de Resumen Latinoamericano quien señala que "aunque loable como objetivo, es imposible la solución de dos Estados" y agrega que "el odio, la injuría, el maltrato, la muerte vertida por el sionismo sobre el pueblo palestino, han dejado heridas que no serán zanjadas por una mesa de negociación. Además - se pregunta - ¿quién hablará en nombre del pueblo palestino?". Para Aznarez, Mahmud Abbas, Presidente de la ANP, "no cuenta ni con el apoyo ni con la legitimidad para sentarse en una negociación de ese tenor."

EN FIN

Difícil resulta trazar un análisis claro en un conflicto complejizado por el paso del tiempo, los mutuos desacuerdos/deslealtades, las presiones de los enemigos internos a cada facción (tanto israelí como palestina), entre tantas otras variables de peso.

No obstante esta dificultad, hay algunas cuestiones que inquietan, al menos ante posibles negociaciones: en su carácter ¿será de partes o estará tutelada por actores internacionales?; respecto a su alcance ¿será local, es decir solo árabe-palestino-israelí o regional, incluyendo las pretensiones de otros actores internacionales?. Por último, pero no menos importante, está el factor interno, toda negociación implica cesión ¿cuánto está cada parte dispuesta a dejar de lado para alcanzar un acuerdo duradero y posible de respetar, no sólo por los gobiernos, sino también por la opinión pública?.

Aquí la cosa se vuelve más gris. Y el espejo más reciente es la fallida cumbre realizada en Jordania en marzo de 2016. Allí Estados Unidos, Egipto, Israel y el país anfitrión trataron de avanzar en acuerdos de paz. Nada pasó. Al menos, nada que haya cambiado favorablemente el escenario. El ofrecimiento consistía en reconocer el Estado Judío a cambio de reabrir negociaciones con los palestinos con apoyo de países árabes. Natanyahu rechazó la propuesta, aduciendo que no pasaría el filtro de sus aliados de gobierno.

Otra oportunidad que se va… mientras la paloma blanca de Gefen (poeta israelí) sigue envejeciendo, con una rama de olivo cada vez más seca en su pico.


Jorge Alvarez